Ambientes - Costumbres - Civilizaciones
“Se hicieron abominables
como
las cosas que
amaron”
Plinio
Corrêa de Oliveira
Las
maravillas del universo deben conducir al hombre al conocimiento de la sabiduría,
de la bondad y de las belleza del Creador de todas las cosas. Pero, habiéndose
vuelto pagano, comenzó a adorar no raras veces a seres inferiores, como los
animales, o hasta divinidades imaginarias horrendas. Con frecuencia, adorando
figuras humanas, las adoró monstruosas, como es el caso de esta “cabeza”.
Si alguien con esta cara se paseara por las calles, causaría horror, y si
subiese a un ómnibus, inmediatamente éste se vaciaría. Si hubiese una
enfermedad cuyo efecto fuese la de tornar así a sus víctimas, todos los médicos
de la tierra se movilizarían contra ella. Es que se trata de un monstruo, muy
expresivo, es cierto, pero por esto mismo aún más terrible, pues de él sólo
desprende monstruosidad.
¿Cómo
no sentir compasión de los pobres paganos, llevados a adorar a este monstruo?
¿Cómo no percibir de deformación mental y moral que introduce en el alma la
adoración de un ente como éste?
A
ese respecto, la Sagrada Escritura observa con clarividencia que los hombres se
modelan por las cosas que aman: “Encontré a Israel como racimos de uva en el
desierto, vi a sus padres como los primeros frutos de la higuera, que aparecen
en la cima; pero ellos fueron al templo de Beelfegor, y se apartaron de mí para
cubrirse de confusión, y se hicieron abominables como las cosas que amaron”
(Os 9,10)
Si
es verdad que aquello que el hombre ama lo transforma, uno se pregunta: ¿es
deseable modelar a
alguien según esta extraña y grotesca cabeza reproducida en la segunda
foto? ¿El lector querría, por ejemplo, que según ella se conformase de alma y
de cuerpo sus hijos?
Y
cómo duele decir que la intención del autor, el conocido escultor francés
contemporáneo J. Rucki-Lambert, fue representar a Nuestro Señor Jesucristo,
fuente de toda santidad y, por esto mismo, modelo infinitamente perfecto de
inefable equilibrio de personalidad.
Decirle
a alguien: este fue Cristo, imítalo, se como El, ¿es educar, es formar, es
trabajar para la ascensión espiritual del hombre?
Publicado
en Catolicismo, transcripto de TFP Informa, Junio de 1992
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