Ambientes - Costumbres - Civilizaciones

 

Falsas representaciones 

de las fisonomías de los santos     

 

Plinio Corrêa de Oliveira 

Hay personas que juzgan que las imágenes de los santos –de las cuales las estampitas son un ejemplo- deben ser hechas exclusivamente para producir en el pueblo una sensación de admiración.

 Dicen dichas personas: “¿Para qué conocer lo que fueron, realmente los santos? ¡Con tal que el pueblo ame al santo, está todo en orden!"

 Los santos son para que nosotros los imitemos.

 La canonización de un santo es la declaración de que él está en el Cielo. Eso es probado por el estudio de su vida, de sus escritos y por los milagros obtenidos por su intercesión, que demuestran la interferencia divina y atestan una vida ejemplar. Entonces la Iglesia proclama –eso es substancial en la canonización- que él fue un héroe en las prácticas de las virtudes teologales (Fe, Esperanza, Caridad), y en las cardinales (Justicia, Fortaleza, Templanza y Prudencia) Y, en consecuencia, fue heroico en la práctica de todo el resto de las virtudes.

 Por eso la Iglesia al mismo tiempo que lo declara que él está en el Cielo, en calidad de intercesor junto a Dios y a la Santísima Virgen, lo presenta como modelo a los fieles, para que ellos lo imiten. En vista de eso, el fiel debe tener delante de si la imagen del santo como realmente él fue, a fin de imitarlo.

 Tengan en cuenta que; representando al santo como el fiel gustaría de verlo y no de la manera en que él vivió, deforma el perfil del santo.

 Hecho ese esclarecimiento, comprendemos bien la importancia que tiene el conocer la verdadera fisonomía de los santos, analizando las verdaderas representaciones de ellos, como también las falsas, notaremos las fabulosas deformaciones, abundantemente difundidas en  los ambientes católicos. Eso es lo que a continuación haremos.  

 

* * *

 

 Analicemos la estampita de San Sebastián.

 La figura representa un ser desabrido, un hombre sin coraje, lleno de nada y vacío de todo. Se asemeja más a una mujer que a un hombre. Es algo horroroso. Parece ser un individuo que tiene pena de si.

 Se comprende que él pida a la Virgen que tenga compasión, bien como a Nuestro Señor, a los ángeles y a sus santos protectores. Pero él tener pena de si ¡jamás! 

Parece  estar diciendo a los paganos que lo están martirizando: “¿Ustedes no tienen pena de mi, lanzándome esas flechas, yo que soy tan buenito?”...

En fin, esta representación es lo contrario del héroe cristiano: es una imagen que ablanda y deteriora el verdadero espíritu católico.

 

 

 Trechos de la conferencia dictada por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira para socios y cooperadores de la TFP, el 21/05/83. Sin revisión del autor.

 

 

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