Catolicismo
Nº 62 - Febrero de 1956
El Hábito
y el Monje
Parece
acentuarse en algunos medios la incomprensión en cuanto al uso de la sotana por
sacerdotes y religiosos. La sabiduría de la Santa Iglesia, entretanto, no
falla. Y es ineludible su preferencia por la sotana
¿No
será un asunto de menor valor? "Aquila non capit muscas". La
Iglesia no se preocupa por niñerías. Y
si Ella toma un postura referente al tema es debido a que no es ociosa ni vacía.
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Para
comprender el pensamiento de la Iglesia, debemos pasar a consideraciones más
generales
Está
en el orden natural de las cosas, que el hombre refleje su alma en la fisonomía,
en la voz, en su actitud, en sus movimientos. Y como la vestimenta debe revestir
el cuerpo humano, es natural que el hombre use también de él como elemento de
expresión. Teniendo en cuenta que la vestimenta se presta para esto de manera
eximia
Es
que la necesidad de expresión del alma es consecuencia imperiosa del instinto
de sociabilidad. Por donde, negar al hombre esta posibilidad es, en sí, falsear
la forma de ser del alma
Por
eso, las costumbres sociales consagraron en todos y lugares ciertos tipos de
trajes típicos o característicos de profesiones o estado de vida, que exigían
una conformación de alma muy peculiar. Y siempre se entendió con razón que,
el traje profesional auxilia al hombre a realizar por completo su mentalidad. De
un militar que tuviese antipatía hacia el uniforme, de un juez que tuviese odio a la
toga, nada resultaría bueno. Por el contrario, ¿cómo negar respeto al Clérigo
que ama su sotana, y de ella se ufana? Si un ejército suprimiese el uso del
uniforme, ¿no se le daría un duro golpe a su espíritu?
Se
dice, pues, que el hábito no hace al monje o el uniforme no hace al héroe, es
y no es verdad. En efecto, el hombre no se vuelve monje, o militar auténtico, sólo
por adoptar el traje propio a su estado. Pero el hábito monacal facilita al
hombre de buena voluntad convertirse en buen monje. Y lo mismo se podría decir
del uniforme
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¿Como
ilustrar, dentro de los estilos de esta sección, el efecto de la indumentaria
sobre el estado de espíritu de un hombre?
Para
que nadie quede susceptible, nos abstenemos de ejemplos muy recientes. Y tomamos
como material de análisis una figura histórica que está comenzando a emerger
de la niebla de un pasado remoto. Se trata de Guillermo II, Rey de Prusia y
Emperador alemán: el Kaiser.
Sería
imposible probar que Guillermo II fue militar hasta la médula de su alma. No
fue un gran general, ni era esta su función. Mas su mentalidad, su estilo de
vida, su estilo de gobierno prueban que como hombre, como jefe de familia, como
soberano, el Kaiser fue siempre y antes de todo, un militar
Aquí
lo vemos en una parada militar, presto a transmitir el bastón de comando a un
alto oficial. Espléndidamente uniformado, montado con una naturalidad llena de
garbo en su corcel, el Emperador se siente visiblemente en su elemento, en una
situación en que se desplaza con seguridad, con desahogo, con brillo, con toda
su personalidad. El rostro, el porte, el gesto, manifiestan la pasión militar
que, cuanto más se exterioriza, tanto más se afirma
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Por
el contrario, en traje civil se diría que ni siquiera es el mismo hombre. Su
personalidad parece apagada y su actitud obligada. Sus cualidades militares
trasuntan en la medida de lo suficiente para contrastar con la indumentaria. Si
el Kaiser y todas sus topas tuviese que usar tal traje civil, ¿el ejército
alemán habría sido lo que fue?
Evidentemente
no. Porque si el uniforme no hace un buen soldado, ayuda mucho al militar a
adoptar el espíritu de su clase...