Crisis de confianza,

raíz de la crisis financiera

La economía mundial esta delante de sus mayores crisis desde la depresión de los 30. Hasta el momento, en el mundo occidental ella se ha manifestado por una caída substancial en el precio de los papeles emitidos por los países emergentes y por importantes disminuciones en el valor de las acciones negociadas en las principales bolsas de valores. Eso ha traído como consecuencia el debilitamiento del sistema bancario y financiero mundial y hasta la quiebra de algunas instituciones de peso.

 Sí no se tomasen algunas medidas urgentes en el ámbito internacional, esa situación puede producir una fuerte recesión de la economía mundial que, dependiendo del caso, puede transformarse en una depresión análoga a la ocurrida en los años 30. O sea, una situación de desempleo en masa, con convulsiones sociales difíciles de prever. Evidentemente, Brasil no quedaría inmune a tal depresión. Por el contrario, teniendo en vista la situación financiera y económica actual del País y su dependencia con relación al resto del mundo, en Brasil la crisis se manifestaría intensamente.

 Por detrás de los aspectos estrictamente técnicos, que describen esa crisis, surgen algunas preguntas básicas y fundamentales. Después del fracaso del socialismo, ¿estaríamos delante de la falencia de una organización económica y social propia del sistema capitalista? De frente a ésta hipótesis, algunos espíritus apresurados buscan la solución en una llamada tercera vía, mal definida. ¿El punto final de esta tercera vía en que consistiría? ¿En la centralización mundial de las decisiones financieras en una especie de ONU de la economía? ¿O en el pasaje hacia una civilización ni industrial ni comercial, sino de tipo ecológico y tribal?

 La respuesta a tal  conjunto de preguntas exigiría un verdadero compendio. El presente comentario es necesariamente limitado y aborda apenas un punto llave dentro del panorama: la cuestión de la confianza como factor necesario para funcionamiento del mercado.

 Inicialmente, es preciso distinguir. Lo que está en juego son primordialmente los aspectos financieros y no los económicos. El Brasil, por ejemplo, tiene un potencial económico respetable, representado especialmente por su capacidad agrícola y agroindustrial. Ya los aspectos financieros, que envuelven la circulación de  la moneda y de las acciones, son mucho más inestables. Pero en la actual interdependencia de la economía globalizada, el desarrollo de la economía del País depende en larga medida de los juegos financieros nacionales e internacionales.

 En el actual mundo capitalista globalizado, lo que se observa especialmente es una hipertrofia de los mercados financieros. Esa hipertrofia posibilita aplicar capitales en las formas más variadas, en cualquier parte del mundo, y moverlas con rapidez casi instantánea. Si, de un lado, eso representa aspectos ventajosos para el desarrollo económico, de otro lado esa hipertrofia permite que las flaquezas del actual sistema financiero aparezcan fácilmente. O sea, no funciona, o funciona mal, si no hubiere una atmósfera de confianza y de relaciones adecuadas entre aquellos que toman las decisiones y los que reciben el impacto de los lucros o perjuicios generados por esas decisiones.

 El sistema de mercado exige un nivel mínimo de confianza. Esta es una condición necesaria para que él pueda funcionar adecuadamente. En términos muy simplificados, se trata de la confianza mutua entre los dueños del dinero (inversores) y los usuarios finales. Digamos de paso que la hipertrofia del sistema postula una intermediación casi llevada al infinito entre los agentes económicos (inversores y usuarios finales). Como consecuencia de eso, un quiebre de la confianza entre algunos de éstos, fácilmente pude conducir a una reacción en cadena de quiebres de confianza. Así, una crisis que podría quedar limitada a una determinada área, penalizando los verdaderos responsables por su eclosión, pude fácilmente diseminarse, alcanzando poblaciones enteras, sin que éstas tengan responsabilidad por las decisiones que llevaron a tal quiebra de confianza.

 Una organización económica en que los errores o aciertos no recaen apenas sobre los agentes económicos que los causaran, parece encausada al fracaso. En otros términos, ella perjudica gravemente el bienestar social de esa organización.

 Tal situación anómala, es pues, artificial y nada tiene que ver con los fundamentos naturales del sistema capitalista, con la propiedad privada y la libre iniciativa. Ella es fruto de la mentalidad  liberal materialista y atea que predomina en el mundo contemporáneo. Tal mentalidad lleva a una organización socioeconómica que ignora las limitaciones naturales del individuo, basándose como que exclusivamente en la tecnología y en el conocimiento de los juegos artificiales del mercado.

 Entretanto, el hombre concebido en el pecado original tiene limitaciones y defectos intelectuales y morales que no son eliminados por la tecnología ni por el movimiento financiero y que influyen negativa y decididamente en los resultados alcanzados. Más aún, la tecnología y la globalización de la economía pueden llevar a una ampliación inimaginable de las consecuencias de tales defectos y limitaciones. No es difícil imaginar que la construcción de una organización socioeconómica en los moldes aquí comentados puede conducir a una situación de caos generalizado.

 En fase de esa situación, toda ella artificial, es de temer que surjan voces proponiendo la centralización de las decisiones financieras en instituciones supranacionales, teniendo en vista regular los mercados y controlar los flujos financieros internacionales, pasando por encima de las soberanías nacionales.

 Como también no sería de extrañar que, al lado de propuestas fuera de lugar como esa, surjan otras totalmente opuestas a ellas, pero no menos descabelladas. O sea, bajo pretexto de que la situación no tiene más salida, el camino apuntado sería el de la destrucción de los propios fundamentos de la civilización occidental, reputada como necesariamente mala, en beneficio de un estado de cosas de tipo "ecológico" o "tribal", como la defendida por los estructuralistas en que los "hippies", los "punks" y también indios sueltos en la selva serían el funesto modelo.

Transcripto de Catolicismo

Porta voz de la TFP brasileña  

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