O
Estado de Sao Paulo, domingo 4 de mayo de 2003.
“Mister,
por favor, cómpreme una bolsa de leche en polvo para mi hija de 3 años, y yo
le consigo habanos muy baratos”, me propone.
Al
ver la señal afirmativa del turista lo abraza efusivamente, y coloca su cabeza
en el pecho del turista “Usted no sabe el favor que me está haciendo”. La
leche no es vendida en esa “tienda de recaudación de divisas” como el
gobierno nombra a esos establecimientos estatales que sólo aceptan dólares.
Pero
en una pequeña tienda particular a media cuadra de allí, Junior guía al
turista hasta la tiendita, donde una bolsa de leche en polvo que rinde 10 litros
cuesta U$S 5,95. “Si usted quiere podemos ir hasta mi casa, para que conozca a
mi hija para que vea que no estoy mintiendo, y para ver los habanos”, insiste
Junior... El vive con sus hermanos, su madre, con su mujer e hija en una especie
de conventillo. (“cortizo”
en el original)
Su
hermano mayor, jefe de producción en una fábrica de habanos, recibe al cliente
sin camisa, bebiendo una cerveza, sin bajar el volumen de su estéreo. Va a
buscar la mercancía al cuarto, Junior explica que todas las noches, su hermano
trae de la fábrica 5 cajas de habanos, dejando entre 5 y 10 dólares para os
funcionarios que hacen la vista gorda.
El
precio depende de la cara del cliente. Pero una caja de madera del mejor Cohiba
con 25 habanos que sale US$ 335 en las tiendas gubernamentales, puede ser
vendida por US$ 25...
Junior
y su hermano no son la excepción. La ilegalidad hace parte del diario vivir de los
cubanos. El principal motivo por el cual la mayoría de ellos se emplean en las
fábricas, tiendas, escritorios, restaurantes, hoteles, puertos, en fin,
cualquier empresa del gobierno, son las oportunidades de hacer negocios
obscuros, o sino como ellos dicen, de “luchar”.
“Mi
sobrina trabaja en el Comité Militar (de reclutamiento para el servicio
obligatorio), es militante de la Juventud Comunista, pero, cuando precisa
comprar alguna cosa en el mercado negro, ella compra”, nos ejemplifica una señora
jubilada de 73 años. “Aquí quien no roba se muere de hambre. Las personas
trabajan en los lugares para tener una oportunidad de llevarse alguna cosa para
vender, sea un lata de pintura, aceite, carne, cualquier cosa sirve”.
Un buen salario en Cuba son 300 pesos por mes (US$ 12). Es lo que gana por ejemplo un ingeniero que dirige el departamento de mantenimiento de una gran empresa del gobierno. Cuando las metas de producción son cumplidas, él recibe 3% de ese valor nominal en dólares: US$ 9.
Los
pesos tienen algún valor en los almacenes estatales, conocidos como bodegas,
donde hacen compras con las libretas de racionamiento, en donde se estipula la
cantidad de mercaderías que cada familia puede llevar por mes, de acuerdo con
el número de integrantes.
En
La Habana cada persona tiene derecho a 3 kilos de arroz por mes, 250 gramos de
porotos, 1,5 kg. de azúcar, 6 huevos, 250 gramos de pollo dos veces al mes
(cuando hay). Carne de vaca, solamente para personas que necesitan dietas
especiales, como ser diabéticos, pero presentando un atestado médico.
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Miseria, carestía y no es culpa del BLOQUEO Investigue lector, ¿que almacén de su barrio vende productos MADE IN USA? |
Niños
de hasta 7 años de edad tienen derecho a 1 litro de leche por día. Cada
persona puede comprar un jabón por mes. Muchas veces ni esas cosas estipuladas
se cumplen, porque simplemente no se encuentran dichos productos en las
almacenes, cuyas vitrinas y estanterías están frecuentemente
vacías. En el interior del país, las cuotas de alimentos son aún menores; y
aparte hay menos oportunidad de obtener dólares haciendo negocios con los
turistas.
En
el mercado negro, los productos, en general robados de las fábricas o
contrabandeados de los centros de distribución y restaurantes estatales con un
poco más baratos. En el mercado negro ¼ pollo cuesta US$ 0,50, medio kilo de
carne US$ 2. Es un delito grave comprar en el mercado negro. Para conseguir
comprar 1 dólar a 26 pesos, y para comprar lo que necesitan, los cubanos
precisan hacer algo ilícito.
Los
restaurantes privados pueden tener un máximo de 12 asientos, que es la medida
exacta para no tener lucro. Empleados son prohibidos. Sólo la familia puede
trabajar. Los agricultores que venden sus productos en los mercados de La Habana
no pueden usar intermediarios; en tesis, tendrían que dejar sus chacras todos
los días y viajar hasta la capital.
Son
leyes imposibles de cumplir. Los pequeños fabricantes de dulces, tortas, etc.
no encuentran los ingredientes necesarios en las tiendas del Estado. Tienen que
comprarla en el mercado negro. Todo es así.
“El
gobierno tiene a toda la población chantajeada” dice un ex-oficial del Ejército
que se gana la vida con un pequeño ómnibus sin licencia. “Todos
infligen alguna ley”.
Fidel
gerencia personalmente, o con personas de su confianza, todos los grandes
negocios que se hacen por acá: las exportaciones de azúcar, tabaco y café,
los joint-ventures con empresas extranjeras, que pueden tener un máximo de 49%
del control, y hasta los productos donados por entidades y gobiernos, ómnibus,
remedios; son vendidos en dólares en Cuba.
En
los joint-ventures, es decir las empresas extranjeras; son obligadas a pagar
los salarios y descuentos sociales de los empleados en dólares y
directamente al gobierno, que son los intermediarios en la contratación de los
empleados.
Al pagarle a los empleados, el gobierno convierte los dólares nominalmente en pesos, es decir 1 dólar equivale a 1 peso que es la cotización oficial. El Estado se guarda los restantes 25 pesos, ya que 1 dólar estás fijado en 26 pesos por el propio gobierno en el mercado de cambio.
Para ser atendido por un médico
es necesario darle un regalo. Igualmente la atención es precaria. En el
Hospital La Dependencia, uno de los mayores de La Habana, un paciente esperaba
estando en ayuno, que le hicieran una pequeña cirugía marcada para los 8 horas siendo
la misma efectuada
a las 17 y 30. Y fue hecha porque el paciente era amigo de un médico del
hospital.
En
La Dependencia, como la mayoría de los eificios y casas de La Habana, parece que
nunca fueron reparadas desde la época de la Revolución de 1959.
Las sala que están aptas para internación se parecen a las que están
desactivadas para tal, las cucarachas se pasean tranquilamente por la sala de
cirugía. El revoque se cae de las paredes, las ventanas no tienen vidrios, las
paredes de las salas de espera están cubiertas de murciélagos.
En
otro hospital un hombre nos cuenta que enyesaron torcido el pie de su mujer,
luego de 21 días cuando fue a retirar el yeso, el médico constató el error,
resultado; 21 días más con yeso.
Guardias
de seguridad controlan la entrada a los hoteles. Los cubanos sólo pueden entrar
–pero sin pasar al lobby- si algún
huésped del hotel quedó en encontrarse con algún cubano. En los restoranes y
tiendas para turistas los cubanos sólo entran acompañados por los turistas
pero igualmente son vigilados por los guardias de seguridad que les siguen cada
paso
El motivos es igualmente político y económico. El gobierno quiere que los dólares de los extranjeros queden en las tiendas y restoranes estatales, con los taxis y otros servicios con licencia del Estado, el cual les cobra una tasa. Además de eso, los funcionarios de los hoteles estatales y los choferes de taxi actúan también como informantes del Gobierno.
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