O Estado de Sao Paulo, domingo 4 de mayo de 2003.

  Para vivir el pueblo tiene que “luchar”

  Por Lourival Sant’anna

  Junior espera con atención cerca de la entrada del supermercado. Cuando entra un turista, este negro alto y delgado de 22 años lo aborda y se expresa en varias lenguas, hasta saber el origen de su nuevo cliente. A pesar de que vive en La Habana por estar cursando el primer año de economía en la Universidad de La Habana, Junior tiene otros negocios en mente.

“Mister, por favor, cómpreme una bolsa de leche en polvo para mi hija de 3 años, y yo le consigo habanos muy baratos”, me propone.

Al ver la señal afirmativa del turista lo abraza efusivamente, y coloca su cabeza en el pecho del turista “Usted no sabe el favor que me está haciendo”. La leche no es vendida en esa “tienda de recaudación de divisas” como el gobierno nombra a esos establecimientos estatales que sólo aceptan dólares.

Pero en una pequeña tienda particular a media cuadra de allí, Junior guía al turista hasta la tiendita, donde una bolsa de leche en polvo que rinde 10 litros cuesta U$S 5,95. “Si usted quiere podemos ir hasta mi casa, para que conozca a mi hija para que vea que no estoy mintiendo, y para ver los habanos”, insiste Junior... El vive con sus hermanos, su madre, con su mujer e hija en una especie de conventillo. (“cortizo” en el original)

Su hermano mayor, jefe de producción en una fábrica de habanos, recibe al cliente sin camisa, bebiendo una cerveza, sin bajar el volumen de su estéreo. Va a buscar la mercancía al cuarto, Junior explica que todas las noches, su hermano trae de la fábrica 5 cajas de habanos, dejando entre 5 y 10 dólares para os funcionarios que hacen la vista gorda.

El precio depende de la cara del cliente. Pero una caja de madera del mejor Cohiba con 25 habanos que sale US$ 335 en las tiendas gubernamentales, puede ser vendida por US$ 25...

Junior y su hermano no son la excepción. La ilegalidad hace parte del diario vivir de los cubanos. El principal motivo por el cual la mayoría de ellos se emplean en las fábricas, tiendas, escritorios, restaurantes, hoteles, puertos, en fin, cualquier empresa del gobierno, son las oportunidades de hacer negocios obscuros, o sino como ellos dicen, de “luchar”.

“Mi sobrina trabaja en el Comité Militar (de reclutamiento para el servicio obligatorio), es militante de la Juventud Comunista, pero, cuando precisa comprar alguna cosa en el mercado negro, ella compra”, nos ejemplifica una señora jubilada de 73 años. “Aquí quien no roba se muere de hambre. Las personas trabajan en los lugares para tener una oportunidad de llevarse alguna cosa para vender, sea un lata de pintura, aceite, carne, cualquier cosa sirve”.

Un buen salario en Cuba son 300 pesos por mes (US$ 12). Es lo que gana por ejemplo un ingeniero que dirige el departamento de mantenimiento de una gran empresa del gobierno. Cuando las metas de producción son cumplidas, él recibe 3% de ese valor nominal en dólares: US$ 9.

Los pesos tienen algún valor en los almacenes estatales, conocidos como bodegas, donde hacen compras con las libretas de racionamiento, en donde se estipula la cantidad de mercaderías que cada familia puede llevar por mes, de acuerdo con el número de integrantes.

En La Habana cada persona tiene derecho a 3 kilos de arroz por mes, 250 gramos de porotos, 1,5 kg. de azúcar, 6 huevos, 250 gramos de pollo dos veces al mes (cuando hay). Carne de vaca, solamente para personas que necesitan dietas especiales, como ser diabéticos, pero presentando un atestado médico.

Miseria, carestía y no es culpa del BLOQUEO

Investigue lector, ¿que almacén de su

barrio vende productos MADE IN USA?

Niños de hasta 7 años de edad tienen derecho a 1 litro de leche por día. Cada persona puede comprar un jabón por mes. Muchas veces ni esas cosas estipuladas se cumplen, porque simplemente no se encuentran dichos productos en las almacenes, cuyas vitrinas y estanterías están frecuentemente vacías. En el interior del país, las cuotas de alimentos son aún menores; y aparte hay menos oportunidad de obtener dólares haciendo negocios con los turistas.

En el mercado negro, los productos, en general robados de las fábricas o contrabandeados de los centros de distribución y restaurantes estatales con un poco más baratos. En el mercado negro ¼ pollo cuesta US$ 0,50, medio kilo de carne US$ 2. Es un delito grave comprar en el mercado negro. Para conseguir comprar 1 dólar a 26 pesos, y para comprar lo que necesitan, los cubanos precisan hacer algo ilícito.

Los restaurantes privados pueden tener un máximo de 12 asientos, que es la medida exacta para no tener lucro. Empleados son prohibidos. Sólo la familia puede trabajar. Los agricultores que venden sus productos en los mercados de La Habana no pueden usar intermediarios; en tesis, tendrían que dejar sus chacras todos los días y viajar hasta la capital.

Son leyes imposibles de cumplir. Los pequeños fabricantes de dulces, tortas, etc. no encuentran los ingredientes necesarios en las tiendas del Estado. Tienen que comprarla en el mercado negro. Todo es así.

 “El gobierno tiene a toda la población chantajeada” dice un ex-oficial del Ejército que se gana la vida con un pequeño ómnibus sin licencia. “Todos infligen alguna ley”.

El mito de la buena Salud Pública

Fidel gerencia personalmente, o con personas de su confianza, todos los grandes negocios que se hacen por acá: las exportaciones de azúcar, tabaco y café, los joint-ventures con empresas extranjeras, que pueden tener un máximo de 49% del control, y hasta los productos donados por entidades y gobiernos,  ómnibus,  remedios; son vendidos en dólares en Cuba.

 En los joint-ventures, es decir las empresas extranjeras; son obligadas a pagar  los salarios y descuentos sociales de los empleados en dólares y directamente al gobierno, que son los intermediarios en la contratación de los empleados.

 Al pagarle a los empleados, el gobierno convierte los dólares nominalmente en pesos, es decir 1 dólar equivale a 1 peso que es la cotización oficial. El Estado se guarda los restantes 25 pesos, ya que 1 dólar estás fijado en 26 pesos por el propio gobierno en el mercado de cambio. 

Para ser atendido por un médico es necesario darle un regalo. Igualmente la atención es precaria. En el Hospital La Dependencia, uno de los mayores de La Habana, un paciente esperaba estando en ayuno, que le hicieran una pequeña cirugía marcada para los 8 horas siendo la misma efectuada a las 17 y 30. Y fue hecha porque el paciente era amigo de un médico del hospital.

 En La Dependencia, como la mayoría de los eificios y casas de La Habana, parece que nunca fueron reparadas desde la época de la Revolución de 1959.  Las sala que están aptas para internación se parecen a las que están desactivadas para tal, las cucarachas se pasean tranquilamente por la sala de cirugía. El revoque se cae de las paredes, las ventanas no tienen vidrios, las paredes de las salas de espera están cubiertas de murciélagos.

En otro hospital un hombre nos cuenta que enyesaron torcido el pie de su mujer, luego de 21 días cuando fue a retirar el yeso, el médico constató el error, resultado; 21 días más con yeso.

Guardias de seguridad controlan la entrada a los hoteles. Los cubanos sólo pueden entrar –pero sin pasar al lobby-  si algún huésped del hotel quedó en encontrarse con algún cubano. En los restoranes y tiendas para turistas los cubanos sólo entran acompañados por los turistas pero igualmente son vigilados por los guardias de seguridad que les siguen cada paso

El motivos es igualmente político y económico. El gobierno quiere que los dólares de los extranjeros queden en las tiendas y restoranes estatales, con los taxis y otros servicios con licencia del Estado, el cual les cobra una tasa. Además de eso, los funcionarios de los hoteles estatales y los choferes de taxi actúan también como informantes del Gobierno.

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