TFP INFORMA - Pags. 2-3

 

Las tres fases de la historia

 

CARA DE “ratón de biblioteca” con grandes anteojos cuyos lentes se parecen a vidrios de fondo de botella; cabello despeinado dando idea de muchos y un tanto desordenados pensamientos; vestido de una manera poco cuidadosa y con un dejo de olor a naftalina y explayando con voz gruesa, monótona e interminable una verdadera catarata de datos, de fechas y de lugares: batallas de Austerlitz, Leipzig, Wagram, invasión de Rusia (cuya fecha termina quedando años después en la cabeza del alumno gracias a “1812”, la famosa sinfonía de Tchaicovsky) y, esa larga pesadilla acaba con la batalla de Waterloo. Ese es más o menos, a nuestro juicio, la caricatura del profesor de historia que subconscientemente quedó en la mente de gran parte de nuestros compatriotas.

Sin tomar posición sobre si esa imagen corresponde o no ala realidad de alguno de nuestros venerables y recordados profesores secundarios, entretanto no nos conformamos con la idea de que nuestros lectores puedan pensar que la historia se reduce tan sólo a la enumeración de los hechos seguros o probables que hubieron ocurrido en el pasado. ¡No!, la ciencia histórica es mucho más compleja que todo eso y, al ser compleja, es mucho más atractiva e incluso nos atreveríamos a decir que es apasionante para quien la sabe ver y sabe sacar sus conclusiones.

“La historia se repite”, se oye decir aquí y allá. Y es verdad, como también es verdad aquella frase de Cicerón que decía que “la historia es maestra de vida”. Quien sabe analizar con sabia y objetiva óptica los hechos del pasado estará en condiciones de saber qué rumbos y cual es el destino que la humanidad alcanzará en el futuro y, si al decir un afamado escritor, él es de los “que hacen la historia y no de aquellos que duermen al lado de ella”, él sabrá unirse a otros para evitar que los suyos primero y después su ciudad, su país y la humanidad se encaminen hacia el abismo al que está siendo empujada.

Aquí están descriptas entonces las que consideramos las tres fases de la historia.

1) Pasado: análisis detenido de los hechos que ocurrieron. Se toman en consideración los principales datos y se delinean los hitos que constituyen la ascensión o la decadencia de los pueblos. En este sentido, una vez que en el corriente año se conmemoran doscientos años de la Revolución Francesa, pretendemos escribir varios artículos sobre ella con la intención de hacer, precisamente, un estudio objetivo del pasado.

2) Futuro: con los datos y con el conocimiento de algunas leyes del acontecer humano, se saca una resultante y se levantan hipótesis para el futuro. No se precisa evidentemente tener “la bola de cristal” para esto pero sí se necesita tener claro cuáles son los designios últimos de aquellos que impulsan el tren de la historia y cuáles son las vías que hasta ahora han utilizado y pretenden utilizar en el futuro.

3) Presente: una vez analizado el pasado y previsto el futuro en forma hipotética, no tomando en cuenta lo posible sino lo probable, ahí surge el aspecto más entusiasmante; hacer la historia, o sea actuar de tal manera que nuestra acción pueda doblar el curso de los acontecimientos si estuvieran mal encaminados o pueda impulsarlos si venían bien orientados.

“¡Ah, qu'il  est beau d’étre dans le vent de l’histoire!” decía un escritor francés. Si, es lindísimo sentir que el viento de la historia golpea en nuestras mejillas y que estamos haciendo esta epopeya por el bien de nuestro querido Uruguay. Percibir que nuestra campaña de noviembre, diciembre, enero y febrero fue un importante escollo para la forma de revolución que se intentará imponer en nuestra patria como es la neorevolución socialista española, la revolución cultural cuyo mascarón de proa es Felipe González. Sentir cómo nuestra campaña de marzo y abril a favor de la confirmación de la Ley de Caducidad hizo que muchísimos indecisos favorecieran con su voto la opción amarillo-dorada y mantuvieran con ello la paz dentro de nuestras fronteras, como así también la vigencia de la justicia, no condenando a quienes nos defendieron de la violencia subversiva una vez que se había dado una generosa amnistía a los agentes de la misma. Todo esto es ya parte de la historia nacional y la TFP tiene la honra de haber participado en forma muy activa. “Bajada la polvareda” y entibiados los ánimos es el momento que escogió para hacer un relato de esta gesta como así también de emitir algunas opiniones.

 

¿Cesar la lucha en cuanto

 

el adversario la continúa?


“Sed castos como las palomas y astutos como las serpientes” es el consejo que da Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio. Y, si hasta de esos ofidios venenosos podemos imitar las cualidades, ¿por qué no imitar lo que puede tener de imitable la izquierda criolla? Veamos cómo ella, a pesar de reconocer su derrota, continúa con “la guardia puesta" y “no larga la toalla”.

En el semanario “Mate Amargo” inmediatamente después del plebiscito, José Luis Baumgartner se queja: “ . . .nos rebelamos contra la farisea ecuanimidad de que aquí ‘no hubo vencidos ni vencedores. ¡No, aquí nosotros perdimos y ellos ganaron! (...) Con la ‘ley de caducidad’ ganaron (...) los intereses creados, el Uruguay anacrónico, el principio de autoridad, el feudalismo caudillesco...”, y termina su artículo así: “¿Quién no sabe que la brega por un mundo solidario es durísima, interminable y alucinante? ¿Quién ignora que en la lucha del movimiento popular los reveses no son derrotas? (...) sólo nos es dado obtener una sola victoria: la definitiva. Nos toca mover”.

En la página editorial del mismo semanario podemos leer: “De nada vale pretender esconder detrás de frondosas explicaciones la primera realidad que rompe los ojos: nos derrotaron (...)  Ahora, sobre la base de esta experiencia debemos todos, mirando hacia el futuro, tener presente el tamaño del contrincante y por lo tanto el de la empresa que nos proponemos. Porque queda claro que este es un nuevo comienzo en la lucha que no cesa”.

A su vez el dirigente del MLN-Tupamaros, Eleuterio Fernández Huidobro, declara en el semanario “Alternativa Socialista” del 20/IV/89: “La dinámica de los pueblos es ir de derrota en derrota hasta la victoria final, es por eso que no tomamos el resultado de hoy como una tragedia sino como un paso más en el camino”.

No es grande sino enorme la depresión que causó en los dirigentes y militantes de izquierda el resultado del plebiscito. Un artículo de “Búsqueda" (20/IV/89) escrito por Alvaro Gil y Claudio Romanoff da cuenta de ese “bajón” (como los mismos izquierdistas lo llaman). “Los representantes de ASCEEP-FEUU reconocieron que se resentirá la adhesión de muchos jóvenes que después de largo tiempo habían vuelto a militar en las instancias del plebiscito. ‘No puede ser’, exclamó uno cíe los más de 300 delegados circuitales de la ASCEEP-FEUU cuando llegó a la sede gremial ala noche y se chocó de bruces con los resultados adversos. Ese joven y otros tantos como él (...) sorprendidos por la victoria amarilla, reaccionaron con tristeza... La temprana tendencia en favor del voto amarillo desalentó a los más confiados que preveían un festejo frente a la Universidad (Por unos días la gente no va a estar para nada’, opinó Bruno Gili, integrante de la dirigencia de la organización y de la Juventud Socialista del Uruguay (JSU). Consideró que la militancia habla recibido un gran impacto emocional por la derrota (...) y termina diciendo que la disputa con los blancos en la Universidad “será un aliciente suficiente para reanimar a los militantes del ‘shock amarillo”’.

No fue menor el “shock amarillo” entre los dirigentes del PlT-CNT cuyo primer “impacto emocional” lo tuvieron el año pasado con el libro-denuncia de la TFP “SHOW MARXISTA SINDICAL”. El artículo en cuestión relata que, ante el resultado adverso, la primera preocupación de los conductores gremiales parecería haber sido el lograr que la militancia relativizase los alcances del triunfo del voto amarillo. Poco después comenzarían los lamentos de estos dirigentes: Richard Read confesó que “lo sucedido es un traspié importante” y Eduardo Fernández aclaró que “se trató de ganar pero no se pudo”. Esteban Núñez admitió que “lógicamente nos amarga mucho el resultado” y Thelman Borges a su vez reconoció que existe “un gran dolor de los dirigentes y los militantes”.

En otro artículo del mismo número de “Búsqueda” Tomás Linn escribe lo siguiente: “Como lamentablemente ya ocurrió en otros casos, muchos votantes verdes fueron inducidos, en una descontrolada campaña de entusiasmo, a creerse invencibles. No estaban en condiciones de prever lo previsible, menos aún de comprenderlo y aceptarlo. Como en otras ocasiones, mucha gente fue levantada hasta las nubes y luego abandonada a su suerte”.

En el editorial de la “Edición Consuelo” de la revista humorística “Guambia”, leemos que ese número especial fue editado con el fin de colaborar con todos aquellos sumidos en el “desencanto general” y en el “bajoneo” que sufren. “...pensamos que nuestro aporte no puede ser otro que el de siempre: ayudarnos a reírnos hasta de nuestros fracasos, para de las heridas propias sacar la fuerza para seguir la pelea (...) otros se encargarán seguramente de analizar todo eso en estos tristes días. Nosotros no: nosotros sólo aspiramos a que estos días no sean tristes, y a que también riendo poda­mos restañar nuestras propias heridas (...) este no es el momento de dudar ni de claudicar. Al contrario. Porque la lucha sigue, y allí debemos estar todos”.

Ante estas declaraciones que acabamos de mostrar, lector amigo, deseamos hacerle unas preguntas. ¿Nos consideraría Ud. exagerados si también nosotros continuamos nuestra lucha en defensa de los principios básicos de la Civilización Cristiana, entre los que se encuentra el “principio de autoridad” tan odiado por el Sr. Baumgartner de “Mate Amargo”? ¿No corresponde que el Uruguay Auténtico se termine de despertar de este sueño anestesiante en que hasta ahora estaba sumido, y comprenda que no es con “el dejar hacer” que se combatirá a aquellos que lo quieren asfixiar? Son preguntas que le hacemos, amigo lector, y que Ud. bien puede adivinar cómo responderíamos.

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