TFP INFORMA - Pags. 4-5 

 

 

Uruguay Latente,

Uruguay Auténtico

 

 

 

 

“Tengo la impresión de haber despertado a un gigante adormecido” habría dicho quien comandó el ataque japonés a Pearl Harbour. Efectivamente el león se despertó y salvó a todo occidente de la dictadura feroz del nazi-fascismo. Esa misma impresión tuvimos nosotros cuando las firmas fueron conseguidas. Nos llegamos a preguntar a nosotros mismos si eso no sería un acto temerario de la izquierda como otrora fue el de sus primos ideológicos y con ello no despertarían al león anestesiado, que duerme dentro de cada uruguayo. Podemos decir que eso, en gran parte, efectivamente ocurrió.

Hasta ahora nuestros compatriotas se reían de si mismos al identificarse con aquella frase que es la negación de nuestro pasado histórico. Mucha, muchísima gente decía que lo que caracterizaba a los uruguayos es el “no te metas” y, lo que para tantos era una alegre realidad, para nosotros era una triste constatación. Pero bien sabemos que debajo de la caparazón del Uruguay aparente -superficial y frívolo- existe un Uruguay latente que es el Uruguay auténtico, el Uruguay cristianamente heroico que pugna por salir del ostracismo a que lo tienen relegado y desea ver instalada en forma estable la verdadera paz en nuestro país, o sea, “la tranquilidad en el orden”, según la luminosa definición de San Agustín. Pero también sabe que para ello debe sacrificarse -quien quiere celeste que le cueste- y enfrentar al enemigo de esa paz.

Y esos enemigos de nuestra forma de vida tienen un talón de Aquiles que viven escondiendo. Es el mito de que son mayoría cuando en realidad es exactamente lo contrario: ellos sólo consiguen un cierto número cuando ocultan los objetivos últimos hacia donde lo empujan y cuando le hacen creer que la mayoría de las personas piensa como ellos. De ahí la importancia de desinflar esos mitos. y demostrar, como lo hizo la TFP en la última campaña sobre el voto amarillo, que quienes estaban por detrás del voto verde eran los tupamaros y los comunistas.

¿Sabían por ejemplo los del voto verde que estaban votando “contra el principio de autoridad” como lo confiesa el semanario “Mate Amargo”? ¿Sabían ellos y sabía Ud., votante amarillo, que los jóvenes y obreros no votaron mayoritariamente el color verde? El semanario “Brecha” del 21/IV/89 trata ladinamente de mantener intocable el mito de que la juventud es de izquierda: “Todo parece indicar que el voto juvenil fue abrumadoramente verde”. En cambio, uno de los órganos de prensa de los tupamaros, “Mate Amargo”, habiendo hecho análisis de los circuitos por zonas “tipo” llega a la siguiente conclusión: “Creíamos que los viejos iban a votar amarillo por temor a perder la jubilación; y que los muchachos iban a votar verde porque los están apaleando cada vez que se juntan para escuchar rock. Nos equivocamos. Viejos y jóvenes tuvieron votaciones similares. Quizás la mayor novedad radique en que los jóvenes tuvieron una conducta electoral más conservadora (...) ahora sabemos que los muchachos militantes no son totalmente representativos (...) el plebiscito nos enseñó que hay otros jóvenes, en este país, que piensan políticamente diferente a como nosotros nos imaginábamos que piensan todos los jóvenes”.

¿Que tal? ¿Ud., votante amarillo, se imaginó cuán equivocado estaba al creer en esos mitos? Y, con la misma honda vamos a desinflarle otro globo: “la mayoría de los obreros serían izquierdistas”. “Mate Amargo” afirma que hay que buscar otros canales para llegar a los obreros porque “hicimos simulacros de votación en las fábricas, pero el comportamiento electoral del trabajador en su lugar de residencia fue diferente al que expresó en su lugar de trabajo. No es nuevo este fenómeno”, O sea que, por la presión de los sindicatos, el obrero en la fábrica votó verde pero, en la casa y con más libertad, votó amarillo.

Algunos “voto-verdistas” dicen que la prueba de que en donde hay mayor concentración obrera ganó el verde, es Juan Lacaze. La desventaja fue bastante pequeña para hacer tanta alharaca, decimos nosotros: 54 a 46%. ¿Y qué nos dicen de las ciudades industriales de Pando y Las Piedras donde ganó el amarillo? Y ya que estamos quebrando mitos de ciudades “pro-izquierda” vamos a arremeter, lanza en mano, contra aquel que se ha creado en tomo a la población mítica por excelencia, especie de “Eldorado” donde se reuniría la “flor y nata” de la izquierda como en casa propia. Se trata de un pueblo formado en sus albores por rusos que emigraron a nuestro interior aún antes de la revolución bolchevique de 1917, que es visitado frecuentemente por el embajador ruso y que, tal vez por el hecho de encontrarse en él gran cantidad de descendientes de rusos y ucranianos, se lo toma injustamente como siendo una casi colonia de la Rusia soviética en territorio nacional. Nada de más errado. En 1980 la mayoría de San Javier votó por el SI. En 1986 esa misma población dio una excelente acogida a una caravana de jóvenes de la TFP que hacían campaña de difusión de sus obras por esa región. Y, ahora, en 1989 el 62% votó amarillo contra el 28% que votó verde.

¿Se convence ahora, amigo lector, que no hay que aceptar así porque sí las cosas como nos las sugieren las apariencias? Queremos que Ud. sienta al vivo el palpitar de ese Uruguay latente, de ese Uruguay que, no por el hecho de no ser bullanguero y publicitado, no deja de ser el Uruguay verdaderamente auténtico. Con ese propósito daremos a continuación algunas repercusiones más significativas de nuestra última campaña pública. Pero antes permítanos imaginamos cómo le gustaría a Ud. ver la llegada a nuestra sede de los diferentes contingentes de jóvenes, que vienen de diferentes puntos de la ciudad, con sus caras a un tiempo cansadas y alegres, aprontándose para tomar un rápido almuerzo y continuar después con sus estudios o trabajos, mientras otros esperan la hora propicia para proseguir la campaña pública a la tarde. En ese rápido encuentro en el comedor de la sede cuentan sus impresiones que son grabadas para después, con calma y tiempo, hacer una especie de diario de esa “gesta”. Aquí pondremos una selecciónde esas repercusiones siendo todas ellas de Montevideo. Las del Interior las incluiremos en un artículo especialmente dedicado a él. Se lo merecen, ¿no?

 * * *

  - Al ver que un grupo de jóvenes estaba arreglando el pasacalle gigante de Bvard. Artigas y Avda. 8 de Octubre, un legislador se bajó de su coche y les dijo que los felicitaba porque la TFP estaba haciendo mucho más que ellos, los políticos.

- Algunas personas llamaron por teléfono para pedir que le hiciésemos balconeras semejantes a nuestros pasacalles. Se los entregamos sin el león y la sigla TFP. Una señora protestó ante esto y ella misma le puso un gran TFP al costado. Esa noche un gran tumulto bajo su ventana la despertó. “¡Bueno, ya empezaron los líos!”, pensó. Se asomó y era un grupo que la venía a felicitar por tenerla primer balconera amarilla de la ciudad.

- Durante la colocación de los pasacalles mucha gente se paraba, felicitaba e inclusive ofrecía su ayuda. Entre otros un taxista dijo: “yo trabajo todas las noches de 18:00 a 6:00 hrs. pero sábados y domingos estoy dispuesto para lo que Uds. quieran.”

- Frente a un conocido supermercado los empleados del mismo estaban retirando un pasacalle nuestro. Un cliente pasando por allí preguntó porqué lo hacían y le fue respondido que porque al gerente no le gustaba. Como un rayo, este simpático señor que hasta entonces no conocíamos, se encaró con el gerente diciéndole que no tenía derecho de hacer eso porque el pasacalle estaba en lugar público y le obligó,  con buenos argumentos, a mandar ponerlo nuevamente. Nos llamó por teléfono para darnos esa comunicación y cuando nuestros jóvenes llegaron vieron que efectivamente estaba puesto, algo corrido y poco tenso es verdad, pero estaba, aprovechando entonces para ubicarlo mejor.

 

- Fueron constantes las felicitaciones por la prolijidad de los pasacalles de la TFP. En ese sentido el que recibió mayores elogios fue el inmenso pasacalle ubicado entre la Plaza de la Bandera y la Cruz del Papa, lugar tan simbólico para los católicos uruguayos. Medía éste 16 mts. de largo por 2 de alto y un equipo de cinco personas tardó siete días en pintarlo, armarlo y ubicarlo. Un sacerdote que visitó nuestra sede y lo vio pintar dijo: “¡Pero Uds. trabajan más que los comunistas!”. Los cincuenta pasacalles que se pusieron fueron todos fabricados en nuestra sede.

- Un experto en marketing comentó que quedó impresionado con la frase puesta en un pasacalle: 

TENER UN CORAZON DE  ORO ES SER GENEROSO Y LEAL.

 VOTE DORADO POR LA PERMANENCIA DE LA LEY DE CADUCIDAD.

 Comentó que la frase era muy impactante.

- La desproporción entre la propaganda verde y la amarilla promovida por la TFP fue enorme. Para comenzar, no hay punto de comparación en lo que dice respecto a las pintadas en los muros una vez que la TFP no las hace, respetuosa que es de la propiedad privada. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Tan sólo sus amigos podrán ver la sigla TFP en algunas rocas del Interior del país. En cuanto a pasacalles y carteles se refiere, la propaganda verde fue tan agresiva que después de haber montado una verdadera selva verde por los lugares donde pasaría la vuelta ciclista, al día siguiente sus promotores retiraron casi todo probablemente por temor a saturar con tanta propaganda.

- “¿TFP?, soy la esposa de... y llamaba para felicitarlos por la magnífica campaña que están llevando a cabo. No encuentro palabras para agradecerles y, si hay alguien que nos está escuchando por teléfono, quiero repetir mi nombre... para que sepa que yo los apoyo. Vengan por mi casa porque mi esposo quiere darles una colaboración”.

- Otra señora llamó por teléfono visiblemente agitada: “Hola ¿TFP?, llamo para decirles que ví en la Avda. Libertador a un grupo de muchachones con una escalera sacando su pasacalle. ¡Ah!, pensé, ¡miserables canallas!, ¿esta es la democracia que Uds. quieren?, ¿quitando los pasacalles de la TFP?, me dio tanta rabia que tomé la chapa de la camioneta para informarles y para iniciar una investigación.” Una vez dadas las características y número de la camioneta tranquilizamos a esa señora desconocida -y desde entonces nuestra amiga- diciéndole que éramos nosotros mismos que lo habíamos retirado para repararlo; pero, que si pasaba nuevamente por ahí en la esquina de Libertador y Mercedes, lo iba a ver repuesto y mejorado.

- Hubo varias llamadas con el objetivo único de felicitar y algunas para pedir nuestras publicaciones.

- Un colaborador nuestro que llamaba muy contento porque, andando en taxi, había visto, esa mañana, la campaña en tres partes diferentes. Pidió que le fabricásemos un pasacalle especial para poner al frente del negocio de su hijo pues allí le habían colocado uno del voto verde.

- Un activista de la política dijo estar bien capacitado para decir que la TFP era la única fuerza que se había tomado en serio lo de la ley de caducidad (nos parece un tanto injusto hacia algunos legisladores que mostraron su posición en diversos medios de comunicación social) y que sus integrantes eran también los únicos que habían salido a la calle para defender esa posición. “En diversos ambientes mucha gente opina lo mismo”, acotó al final de la llamada.

- Programas de radio recibieron llamadas dando cuenta de la campaña, como la de una señora que llamó de Paysandú a un conocido programa emitido por CX 10 Radio Continente, en que hacia mención de la agresión que había sufrido un joven cooperador de la TFP en Paysandú y de cómo los del voto verde habían arrancado uno de los pasacalles.

- Con la cortesía que caracteriza la actuación de la entidad y para evitar cual­quier altercado, no se ofrecían los folletos a las personas que ostentaban alguna insignia verde tanto en la ropa como en los coches. No fue tan raro que los propios “verdes” se acercasen para pedir folletos amarillos, como uno que manejaba un coche tapado de insignias verdes y con la famosa “bamba” propalada por sus altoparlantes: “Mirá, la propaganda que yo estoy pasando es alquilada pero yo soy partidario del voto amarillo” u otra vendedora ambulante en la Avda. 18 de Julio que al notar que habían seguido de largo sin ofrecerle por ver su mesa plagada de símbolos verdes, salió de su mesa y pidió varios folletos para repartir en su barrio: “¿que querés?, si no vendo esto no como.” Otro vendedor ambulante se prendió con un palillo nuestro folleto amarillo en la campera.

- Un joven sentado en las escalinatas de la facultad se negó a aceptar -evidentemente por la presión del ambiente- el folleto amarillo que le era ofrecido. Tapándolo con su cuerno para que no fuera visto por sus compañeros, el joven de la TFP le puso un folleto dentro de la carpeta diciéndole en voz baja: “tomá y leélo tranquilo en tu casa pues tenés cara de votar amarillo”, a lo que el estudiante agradeció efusivamente con una sonrisa y un guiño de ojos.

- Otro joven, de aspecto muy tradicional, ostentaba la insignia verde. “A pesar de que sé que vas a votar verde, te pido que lleves estos dos folletos y los leas con calma para saber en que fundamentamos nuestra posición. Te lo doy no por espíritu de polémica sino porque, por la cara, me doy cuenta que sos un joven honrado.” El joven agradeció y comenzó a leerlo ya en la parada de ómnibus.

- Un señor se negó a aceptar el folleto pero su amigo que lo había tomado le instó para que lo recibiese y le pidió explicaciones al joven que se lo había dado. Después de un instante, el primero le dijo: “¿Querés saber una cosa? Me convenciste. Voy a votar dorado.” Esos casos no se repitieron con mucha frecuencia, pero si, eran habituales los que manifestaban que no sabían bien porque votar y después de oir nuestra explicación o leer nuestros folletos se decidían por el amarillo.

 

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