¿A
dónde emigran los frenteamplistas?
Guillermo Sicardi | ECOS, El País 19/09/02
“Si tuviera
que dar respuesta a la pregunta del título, basándome en las consignas que
durante 30 años la izquierda uruguaya estampó en cuanta pared tuvo a su paso,
como ¡Abajo el Imperialismo Yankee! o ¡Viva Cuba!, jamás diría que un
frenteamplista de buena cepa escogería los Estados Unidos como destino para su
nuevo hogar.
Si me basara en
la militancia de su líder en el Hospital Filtro, tratando de evitar que
terroristas de la ETA fueran juzgados por un Poder Judicial independiente en un
país democrático, nunca apostaría a que un frenteamplista optara por la España
neoliberal y antiprogresista de José María Aznar como refugio para su familia.
Sin embargo, la
gran mayoría de ellos eligen a los EE.UU. y a España como los lugares más
convenientes para desarrollarse profesionalmente y encontrar las oportunidades
que aquí les son esquivas.
¡Qué paradoja!
Mientras aquí reclaman empleos públicos inamovibles, allá reclaman
oportunidades para demostrar sus talentos y sus virtudes.
Mientras aquí
reclaman que se cierre la economía y exigen (¿a quién?) “Rentabilidad o
muerte”, allá reclaman que la abran y les den un lugar para competir.
Mientras aquí
no arriesgan nada, allá se juegan hasta la ropa que llevan puesta.
Mientras aquí
apuestan a la mediocridad colectivista y a repetir un pasado de fracasos, allá
dan rienda suelta a su creatividad y a su esfuerzo individual.
¿Y qué han
hecho los neoliberales en Estados Unidos y en España para hacer de esos países
destinos tan atractivos para los uruguayos y las uruguayas frenteamplistas?
Simplemente han
apostado a la libertad, al respeto del derecho y a la iniciativa privada.
Con esto han
logrado crear riqueza, oportunidades de desarrollo, y sobre todo una visión
esperanzadora del futuro.
Los
norteamericanos han sabido crear empleos, sin que el Estado sea dueño de
ninguna refinería, sin ser propietarios de ninguna línea de navegación aérea,
sin tener una empresa de telefonía, sin suministrar energía eléctrica, sin
dar préstamos hipotecarios y perder 350 millones de dólares por año, y sin
tener, entre otras tantas cosas, una fábrica de whisky caro y ordinario.
Es increíble
que los ciudadanos norteamericanos, que no son dueños de nada de esto, sean
mucho más ricos que nosotros, que somos “dueños” de tantas “empresas”,
que son “estratégicas”, que nos hacen más “soberanos” y que son
“nuestras”.
No quiero
imaginar lo que debe sufrir un frenteamplista viviendo en New York o en Madrid.
Al desarraigo de cualquier emigrante, se le suma el hecho de integrarse a vivir
en esa sociedad burguesa, rodeado el día entero de “neoliberales”, de
“explotadores” y de “imperialistas” a los que tanto odian, pero a los
que no dudan en lavar sus copas.
¿Dónde
quedaron sus tan declamados principios, su culto a la pobreza virtuosa, sus
radicalismos y sus utopías? Creo que esos eslóganes los dejaron en la puerta
de Macys o de El Corte Inglés, ya que les ocupaban mucho lugar para llenar el
bolso con el confort y los deseos realizables que fueron a buscar.
Por eso es que
emigran a España o a Estados Unidos, es eso lo que van a buscar legítimamente,
aunque no tengan el coraje de admitirlo. Y allí encuentran confort,
oportunidades y esperanza, porque también allí encuentran la LIBERTAD
imprescindible para construir su futuro. Libertades políticas sí, pero también
libertad económica.
Libertad para
abrir una farmacia, sin importar si hay otra en la esquina.
Libertad para
contratar buenos empleados y libertad para despedir a los haraganes.
Libertad para
decidir a quién le compro la nafta y a quién el servicio de teléfono.
Libertad para
arriesgar y libertad para ganar.
Libertad para
elegir y responsabilidad para convivir.
Esta es la
manera en que estos pueblos logran, no sólo darle empleo a sus ciudadanos, sino
también a millones de inmigrantes de las más diversas culturas, religiones y
costumbres, provenientes de países tan remotos como ignotos, tal cual uno muy
pequeño llamado Uruguay.
¿No ha llegado
la hora de que los uruguayos sentemos aquí y ahora las mismas bases donde
construir nuestra prosperidad? ¿No es el momento de emprender un vigoroso
camino hacia la libertad y recorrerlo con determinación, entusiasmo y sin mirar
ni un segundo hacia atrás?
Los votantes
frenteamplistas, no sus dirigentes, no son conscientes del daño que nos hacen y
que se hacen a sí mismos cuando recorren el “camino largo” para juntar
firmas para un plebiscito, cuando se niegan al cambio, cuando defienden
intolerables cotos de privilegio y cuando espantan inversores y con ellos las
oportunidades de empleo.
Los
frenteamplistas no emigran a la Cuba socialista, que tanto aman. No van con sus
familias y sus hijos a convivir con la guerrilla de las FARC en Colombia. Ellos
no hacen eso, ni siquiera lo sueñan. Pero aquí sí sueñan con esas utopías
irrealizables, pero no son capaces de concretar en la realidad cotidiana nada
positivo y duradero. Juegan con un futuro idealizado, pero no se comprometen con
la cruda realidad del presente.
Al hablarnos de
sus fantasías de un mundo perfecto (al que nos quieren convencer se llega por
un atajo sin esfuerzos), simplemente nos distraen, nos confunden y algunos de
ellos hasta nos engañan deliberadamente.
Pero cuando de
salvar su pellejo se trata, dejan sus discursos y sus pancartas en el
“paisito” y saben bien hacia qué fronteras guiar sus destinos. Conocen bien
la ruta a seguir. Y conducen ordenadamente por el carril de la derecha. Saben
que por allí llegaran seguros”.
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