Del libro:

Nuestra Señora de Fátima:

Profecías para América y el Mundo

¿Tragedia o esperanza?

 

Capítulo II

Apariciones de la Santísima Virgen

Segunda Aparición; 13 de junio de 1917

Al ocurrir la tercera aparición, una pequeña nube grisácea flotó sobre la encina, el sol se obscureció, una brisa fresca sopló sobre la tierra, a pesar de ser el auge del verano. El Sr. Marto, padre de Jacinta y Francisco, que así lo cuenta, dice que oyó también un susurro parecido al de las moscas en un cántaro vació. Los videntes vieron el reflejo de la acostumbrada luz y, enseguida, a Nuestra Señora sobre la encina.

Lucía:   "¿ Vuestra Merced qué desea de mí”

NUESTRA SEÑORA: "‘Quiero que volváis el 13 del mes que viene y que continuéis rezando el rosario todos los días en honra de Nuestra Señora del Rosario para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra, porque sólo Ella les podrá socorrer”.

Lucía:“Quería pedirle que nos dijera quién es y que hiciera un milagro con el que todos crean que Vuestra Merced se nos aparece

NUESTRA SEÑORA: “Continúen viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero, y haré un milagro que todos han de ver, para que crean”.

Lucía presenta entonces una serie de pedidos de conversiones, curas y otras gracias. Nuestra Señora responde recomendando siempre la práctica del rosario, indicando así el modo por el cual alcanzarían las gracias durante el año.(1)

Después prosiguió: “Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, sobre todo cuando hagáis algún sacrificio: ¡Oh! Jesús, es por Vuestro amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecad os cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”.

 

Primera parte del secreto: la visión del infierno

 

Al decir estas últimas palabras —narra la Hna. Lucía— abrió de nuevo las manos como en los dos meses anteriores. El reflejo (de luz que ellas irradiaban) pareció penetrar la tierra y vimos como un gran mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que flotaban en el incendio llevados por las llamas que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados —semejante al caer de las chispas en los grandes incendios— sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.

La visión duró apenas un instante, durante el cual Lucía soltó un "¡ay!”. Ella comenta que, si no fuese por la promesa de Nuestra Señora de llevarles al cielo, los videntes se habrían muerto de susto y pavor.

 

Segunda parte del secreto: el anuncio del castigo y de los medios de evitarlo

 

Asustados, pues, y como pidiendo socorro, los videntes levantaron los ojos hacia Nuestra Señora, que les dijo con bondad y tristeza:

NUESTRA SEÑORA: “Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.

“Si hacen lo que Yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz.

“La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. (2) Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.(3)

“Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a ml Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora en los Primeros Sábados. Si atienden mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia; los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas; por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. (Las negritas son nuestras)

En Portugal se conservará siempre el Dogma de la Fe, etc.

Esto no lo digáis a nadie. A Francisco sí podéis decírselo”.(4)

Pasados algunos instantes:

“Cuando recéis el rosario, decid después de cada misterio: ¡Oh! Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, principalmente a las que más lo necesiten".(5)

Lucía: "¿Vuestra Merced no quiere nada más de mi?”

NUESTRA SEÑORA: “No, hoy no quiero nada más de ti”.

Y, como de costumbre, comenzó a elevarse en dirección al este, desapareciendo en la inmensa lejanía del firmamento.

Se oyó entonces una especie de trueno, indicando que la aparición habla cesado.(6) (Cf. “Memorias II”, págs. 52 y 53; “Memorias IV”, págs. 135 y 136; De Marchi, págs. 108 a 111; Walsh, págs. 108 a 111; Ayres da Fonseca, págs. 41 a 46; Galamba de Oliveira, págs. 72 a 78 y 146 a 147).


NOTAS

1. Los varios autores citados en este trabajo dan algunos detalles sobre las gracias aquí pedidas por Lucía a Nuestra Señora. Una de ellas fue la curación del hijo paralitico de MarIa Carreira. Nuestra Señora respondió que no lo curarla ni lo sacarla de la pobreza, pero que rezase todos los días el rosario en familia y le darla los medios para ganarse la vida. (Cf. De Marchí, pág. 108 y Ayres da Fonseca, pág. 42).

Otro enfermo pedía para Ir cuanto antes al cielo. Nuestra Señora respondió que no tuviese prisa, que Ella sabía bien cuando lo habría de venir a buscar (Cf. De Marchi, pág. 108).

Walsh (pág. 124) cuenta que “Jacinta habló (a sus padres) del deseo de Nuestra Sellora de que fuese rezado el rosario, todos los días, en cada familia” Sin embargo, la única referencia que hemos encontrado a esta piadosa práctica, en los relatos de las apariciones, es el consejo que acabamos de referir, dado al hijo de María Carreira.

 

2. En las declaraciones prestadas en febrero de 1946 al montfortiano holandés padre Iongen, la Hna. Lucía confirmó haber oído a Nuestra Señora pronunciar el nombre de Pío XI, no sabiendo, en la ocasión, si se trataba de un Papa o de un Rey. Para la Hna. Lucía no representa mayor dificultad el hecho de entenderse habitualmente que la guerra comenzó solamente bajo el pontificado de Pío XII. Observa ella que la anexión de Austria —y, podríamos añadir varios otros acontecimientos políticos del fin del reinado de Pío XI— constituye un auténtico prolegómeno de la conflagración, la cual se configuraría enteramente como tal algún tiempo después (Cf. entrevista al padre Iongen, en De Marchi, pág. 352 - Apéndice de la 3a. ed. castellana).

 

3. Lucía juzgó ver “la gran señal" en la luz extraordinaria— que los astrónomos tomaron como una aurora boreal— que iluminó los cielos de Europa en la noche del 25 al 26 de enero de 1938 (desde las 20h45 hasta la 1h15, con breves intermitencias). Convencida deque la guerra mundial —que “habla de ser homble, horrible”— iba a comenzar, redobló los esfuerzos para obtener que se atendiesen a los pedidos que —como se verá en la parte IV— le habían sido comunicados. Escribió una carta directamente al Papa Pío XI, en ese sentido (Cf. De Marchi, pág. 110; Walsh, págs. 253 y 254; Ayres da Fonseca, pág. 45).

 

4.  La visión del infierno y el anuncio de cosas futuras que le. sigue, constituyen las dos partes conocidas del secreto de Fátima, comunicado a los videntes durante la aparición de julio. La tercera parte de este secreto ya fue escrita por la Hna. Lucía y, conforme declaración firmada el día 18 de agosto de 1964 por el Obispo de Leiría, “está en manos de la autoridad eclesiástica competeate. Cuando será publicada, si lo fuere, esa misma autoridad ha de decidirlo, evidentemente”.

En el prefacio de la edición brasileña de los escritos de la Hna. Lucía, el padre Antonio Maria Martins, S.I., afirma, de modo categórico, que la tercera parte del secreto, “cuyo texto no fue todavía divulgado, trata apenas de la llamada crisis de la Iglesia” (pág. XVIII). El autor no dice cómo supo eso, ni da mayores explicaciones sobre el asunto. De cualquier modo, la información es tan plausible que se debería decir que el secreto no podía dejar de tratar esa gravísima materia. Esto explicarla, quizás, por qué esta parte del mensaje no fue todavía divulgada, a pesar de la enorme expectativa existente en todo el mundo.

Es interesante notar que en “Memorias IV" la Hna. Lucía termina el relato de la segunda parte del secreto con la palabras: “y será concedido al mundo algún tiempo de paz". En “Memorias IV”, ella añade inmediatamente después, a manera de conclusión: “En Portugal se conservará siempre el Dogma de la Fe, etc. “. De donde parece lógico deducirse que el Dogma de la Fe se perderá en una extensión tan grande del mundo, que es digno de hacerse una mención especial del hecho de que se conserve en Portugal. Pero, ¿qué significa propiamente conservarse o no conservarse el Dogma de la Fe en un determinado país? Es difícil precisar. Sin embargo, cualquiera que sea el alcance que se le dé a esa expresión, es evidente que ella se refiere a una crisis de Fe. Y así desembocamos nuevamente, de lleno, en el gravísimo tema de la presente crisis en la Iglesia, puesto que la crisis de Fe es su propia raíz.

Por otro lado, el “etc. “con el que la Hna. Lucía concluye la narración sugiere la idea de que la tercera parte del secreto se insiere justamente en este punto del relato y hace nexo con la frase que acaba de ser dicha. Ahora bien, ésta permite inferir, como acabamos de ver, la existencia de una crisis de la Fe católica en el mundo entero. Así, la conjetura de que la crisis en la Iglesia sea el tema de la tercera parte del secreto gana mucho en verosimilitud.

Entre tanto, si dejamos de lado el terreno de las conjeturas —por lo demás plausibles— y prestamos atención a la realidad, uno de los aspectos más espantosos de la crisis en la Iglesia es justamente el de la infiltración izquierdista en medios católicos. Este aspecto de la crisis era ya tan alarmante en 1961, que en ese año 1,600.000 brasileños, 280.000 argentinos, 105.000 chilenos y 25.000 uruguayos firmaron un mensaje a S.S. Paulo VI, pidiendo urgentes medidas para contener esa Infiltración (la memorable petición de firmas fue promovida por las Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) de los respectivos países).

Ahora bien, el comunismo es exactamente el flagelo con el que Dios quiere castigar al mundo por sus crímenes. Nuestra Señora dice en la segunda parte del secreto, que “Rusia esparcird sus errores por el mundo". Cuando vemos que esos errores alcanzaron la nave sacrosanta de la Iglesia Católica —Paulo VI incluso afirmó que tenía la impresión de que el “humo de Satanás había entrado por alguna grieta en el templo de Dios,, (Sermón del 29 de junio de 1972)—, no podemos dejar de pensar que habría una gran congruencia entre la segunda y la tercera parte del secreto, si ésta tratase, efectivamente, de la crisis en la Iglesia.

Por fin, la Hna. Lucía acentúa que “el secreto consta de tres cosas DISTINTAS” (Cf. “Memorias III”, pág. 85). La primera es la visión del infierno; la segunda, el anuncio del castigo y de los medios de evitarlo; la tercera -conforme al parecer del padre Antonio Maria Martins, S. I., y las conjeturas que acabamos de hacer- seria respecto a la crisis en la Iglesia, factor de condenación de un número incontable de almas (primera parte del secreto) y una de las causas del castigo que se abatirá sobre el mundo (segunda parte del secreto).

 

5. Circulan formulaciones diversas de esta jaculatoria. Pequeñas variantes aparecen hasta en los manuscritos y entrevistas de la Hna. Lucía. La formulación que registramos se encuentra en “Memorias IV” (El Futuro de España...,pág. 136) y fue confirmada por la vidente en su entrevista con Walsh págs.276 y 277).

En la respuesta al interrogatorio del Dr. Goulven, sin embargo, la frase final tiene la siguiente redacción: “y socorred principalmente a las que más lo necesiten". (Cf. Sebastiao Martins dos Reis, en “A Vidente de Fátima dialoga e responde pelas apariçoes pág. 39). Como se ve, esta última formulación es la que más se diferencia de las otras; pero es también aquella en que la vidente menos insiste, constando sólo en un documento.

Lo cierto es que los videntes, al rezar la jaculatoria, la entendían aplicada a las almas que se encontraban en mayor peligro de condenación, y no a las almas del Purgatorio Lo afirma expresamente la Hna. Lucía en carta del 18 de mayo de 1941 al padre Gonçalves, S.I.: “La tradujeron (la jaculatoria) haciendo la última súplica por las almas del Purgatorio, porque decían no se entendía el sentido de las últimas palabras; pero yo creo que Nuestra Señora se refería a las almas que se encuentran en mayor peligro de condenación. Fue ésta la impresión que me quedó y quizás a usted le parezca lo mismo después de haber leído la parte que escribí el secreto y sabiendo que nos la enseñó al final de la tercera aparición en Julio". (cf. El Futuro de España..., pág. 179).

 

6. Acosados, después de esta aparición, por preguntas sobre lo que Nuestra Señora les habla dicho, los videntes anunciaron que se trataba de un secreto. — “¿Bueno o malo?”, insistieron los interlocutores. — “Bueno para unos, malo para otros”, respondieron las criaturas (Cf. De Marchi, pág. 112; Walsh, ed. en inglés, pág. 84). Antes de la última aparición, interrogados Francisco y Jacinta por el canónigo

Dr. Manuel Nunes Formigio, de la Catedral Patriarcal de Lisboa, sobre si “el pueblo se pondría triste si conociese el secreto”, respondieron: —“Sí, se pondría”. (Cf. De Marchi, págs. 178 y 179; Walsh, pág. 174).

¿El castigo predicho en la aparición de julio habría consistido en la guerra de 1939-1945? El análisis del texto parece llevar a la conclusión de que la Segunda Guerra Mundial no fue sino el comienzo o antesala del gran castigo.

De hecho, Nuestra Señora anuncia que “varias naciones serán aniquiladas”. Ahora bien, varias naciones fueron duramente castigadas durante la guerra y después de ella, pero no se puede decir que hayan sido aniquiladas.

Por otra parte, la Hna. Lucía, en la entrevista que concedió a Walsh, ya después de haber terminado la conflagración (15 de julio de 1946), observó: “Si esto se hace (la consagración de Rusia), Ella (la Santísima Virgen) convertirá a Rusia, y habrá paz. Si no, los errores de Rusia se propagarán por todos los países del mundo”. —“En su opinión, preguntó Walsh, ¿significa esto que todos los países, sin excepción, serán subyugados por el comunismo?” —“Si”, respondió la vidente (Cf. Walsh, pág. 278).

Ahora bien, la expansión del comunismo y su difusión ideológica por todo el mundo comenzaron más definidamente con el fin de la guerra. Luego, se debe pensar que el castigo anunciado por la Madre de Dios está justamente realizándose.

Finalmente, si el castigo ya hubiese pasado, debería también haberse cumplido la parte del mensaje que habla de la victoria de María Santísima y de la instauración de su Reino, claramente indicadas por las palabras: “Por fin, ml Inmaculado Corazón triunfará”. Pero esto es justamente lo que menos se puede decir que haya ocurrido.

Por todo esto, nos parece que los terribles sufrimientos de la Segunda Guerra Mundial no deben ser considerados sino como los prolegómenos de los castigos anunciados por Nuestra Señora y que todavía están por completarse.

 

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