Del libro:

Nuestra Señora de Fátima: 

Profecías para América y el Mundo

¿Tragedia o esperanza?

 

 

PREFACIO

 

Actualidad del Mensaje de Fátima

 

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

 

 

 

El mensaje de Fátima -transcurridas más de siete décadas de las famosas apariciones de la Virgen en Portugal, en 1917- irrumpe en nuestros días con renovada actualidad, al punto de haber sido recientemente objeto de extensa materia de primera página en el “The Wall Street Journal” (27 de septiembre de 1991), uno de los periódicos de mayor circulación en el mundo.

¿Qué es lo que confirió a las revelaciones de Fátima esa sorprendente vitalidad?

Es que en ellas está profundamente concernida una nación que ocupa hoy un lugar central en el escenario político mundial, esto es, Rusia.

Llama la atención desde un comienzo la simultaneidad de los dos acontecimientos -las revelaciones de Fátima y la revolución rusa- los cuales ocurrieron en el transcurso del mismo año de 1917. El comunismo se adueñó del poder en Rusia exactamente 25 días después de la última aparición de la Virgen en Fátima. Un mensaje transmitido a los tres videntes -Lucía, Francisco y Jacinta- y que permaneció en secreto hasta 1942, señalaba “los errores de Rusia” como siendo el foco central de las graves perturbaciones que realmente vendrían a conmocionar al mundo entero durante la mayor parte de este siglo. Por fin, en el mismo Mensaje estaba prevista la conversión de esa nación...

En estas condiciones, la espectacular caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, con las conmociones políticas que le precedieron y le siguieron en los países del Este europeo - por ejemplo la desaparición de la Cortina de Hierro no podían dejar de ser asociadas a lo que fue previsto en Fátima.

¿No serían tales acontecimientos señales de que se estarían cumpliendo las promesas de la Virgen?

El referido articulo del “The Wall Street Journal” resalta precisamente esa cuestión.

No es posible, en los estrechos límites de un prefacio, tratar exaustivamente de ese punto fundamental de la actual situación política internacional. Cumple no obstante hacerlo, al menos de modo sumario, al presentar un libro que contiene lo esencial del Mensaje de Fátima.

Un lector común, que a él consagre una atención suficientemente seria, ¿qué extraería de este Mensaje?

En tales condiciones él deducirá - hecho supremamente grave - que la Virgen increpa al mundo por ciertos pecados y lo amenaza con determinados castigos, caso Sus pedidos no sean atendidos. El carácter condicional de las promesas de Fátima queda así perfectamente determinado. Esto es, la Virgen deja un camino abierto para que la humanidad pueda escapar del castigo inminente mediante la enmienda de vida.

En este sentido, llama también la atención el carácter expiatorio de los pedidos hechos por la Virgen: la Comunión Reparadora de los primeros sábados durante cinco meses seguidos y la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón. Si tales pedidos fuesen atendidos, Rusia se convertiría, abandonaría sus errores, y ese factor fundamental de perturbación del mundo cesaría de actuar. El mundo volverla a gozar de la paz: la paz de Cristo en el Reino de María.

Pregunta: ¿los pecados cesaron? ¿La expiación fue hecha? ¿La consagración de Rusia se realizó en los términos exactos establecidos por la Virgen?

Respuesta: comencemos por los más evidente. La crisis moral en Occidente, desde 1917 hasta nuestros días, no ha hecho sino acentuarse rápidamente. Las modas se han ido degradando, aproximándose al nudismo que está cada vez más generalizado. La asombrosa inestabilidad del matrimonio; la ostentación desvergonzada, hasta con avisos luminosos en locales de fácil acceso, de casas de prostitución; la despenalización y la aprobación de la homosexualidad; el creciente número de apostasías en el clero y entre miembros de las órdenes religiosas de ambos sexos, frecuentemente relacionado con el rompimiento del voto de castidad; la enseñanza mixta de jóvenes de distinto sexo; la educación sexual en los colegios; los medios artificiales para impedir la natalidad, son otros tantos síntomas de la degradación moral que afecta a sectores cada vez más amplios de las sociedades occidentales.

En relación a los países del Oriente que fueron dominados por la secta atea del comunismo, fue construida en ellos una sociedad en la cual se procuró desterrar totalmente la idea de Dios. Desde la cima del Estado hasta los más simples detalles de la vida cotidiana de cada individuo, todo se organizó de modo contrario a lo que postula el Derecho Natural codificado en los diez mandamientos de la Le y de Dios. La legislación comunista abolió la propiedad privada, instituyó el igualitarismo más completo y prácticamente extinguió la familia, transformando el matrimonio en un mero registro público que insignificantes formalidades legales podían alterar, según el simple capricho de par que episódicamente se juntó.

Así, entre las numerosas reformas que todo el mundo -sea en Occidente, sea en Oriente -considera necesarias, nadie pleitea corregir aquello que más ofende a la Virgen. Esto es, la reforma de la moralidad, tanto particular como pública; la restauración de la institución de la familia, fortaleciendo la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio y la autoridad de los padres sobre los hijos; y restringiendo la exagerada intromisión del Estado -que oficialmente es laico, cuando no directamente ateo- en la enseñanza, en la cultura, en el interior del hogar, etc.

En consecuencia, cualquier afirmación en el sentido de que las promesas de Fátima se estarían cumpliendo exigiría la mayor prudencia. Esto, porque de parte de los hombres no hubo correspondencia a los pedidos de la Virgen en un punto fundamental: la enmienda de las costumbres. Y lo anterior, sin considerar siquiera la discutida cuestión de si las condiciones establecidas por la Virgen para la conversión de Rusia -nación que debería mencionarse de modo especial en la fórmula de Consagración- fueron debidamente respetadas en las sucesivas consagraciones del mundo a su Inmaculado Corazón realizadas por los Pontífices.

Es un hecho, no obstante, que la promesa gorbacheviana de instaurar la perestroika en Rusia provocó, dentro y fuera de aquel país, uno de los mayores terremotos geopolíticos de la Historia: numerosas naciones que no vislumbraban la menor esperanza de ser libertadas, que eran mantenidas bajo el guante de hierro del comunismo soviético, súbitamente sacudieron ese yugo y tomaron el propio destino en sus manos.

¿Cómo no ver con ánimo de esperanza tan alentadoras transformaciones? Inclusive Alemania, dilacerada de alto a bajo, se unificó. Pasados, sin embargo, los primeros momentos de optimismo, la mirada e os observadores realistas comienza a discernir espinas en medio de las rosas. Son setenta años de comunismo en Rusia y cerca de medio siglo en las naciones satélites o anexadas, que produjeron una devastación en las instituciones y una apatía en las poblaciones, sin que se observen señales de pronta recuperación. Por el contrario, los analistas y los medios de comunicación social destacan cada vez con mayor frecuencia el gravísimo problema de las migraciones hacia Occidente de multitudes hambrientas -algunos hablan de decenas de millones- en busca de condiciones de sobrevivencia. Los pueblos de las naciones occidentales comienzan a inquietarse delante de la perspectiva de esta nueva invasión de los bárbaros”, la cual, si tuviera las proporciones pronosticadas, producirá a su vez devastaciones inimaginables. Además del empobrecimiento económico provocado por esa invasión, la mezcla de poblaciones tan diferentes hará que esas naciones vayan perdiendo su propia identidad. Occidente, que a pesar de todo acabó resistiendo a la prédica doctrinaria del comunismo, ¡se vería así destrozado por una operación aparentemente a-ideológica!

A esta altura una pregunta se impone inevitablemente. Cuándo Gorbachev determinó el derrumbe de la Cortina de Hierro, ¿no era éste exactamente el efecto que él tenía en vista? Se comprende entonces que muchos europeos comiencen a tener nostalgias de la Cortina de Hierro, hasta hace poco considerada la muralla del horror, y que ahora se revela como habiendo sido una barrera protectora...

Los espíritus más suspicaces siempre vieron con desconfianza a la perestroika. Recelaban que ella encubriera en su seno una vulgar artimaña del comunismo. Hoy en día, la opinión pública de Occidente va percibiendo lentamente que los verdaderos fines de la perestroika son en realidad obscuros. Tal vez no esté lejos el día en que el indiscutible retroceso del comunismo revele que él no fue sino una metamorfosis, y que de la larva en descomposición sale volando la “linda” mariposa de la autogestión... Autogestión ésta, que todos los teóricos y líderes máximos del comunismo, desde Marx y Engels hasta Gorbachev, siempre presentaron como la versión precisa y acabada del comunismo, la quintaesencia del mismo. En el propio preámbulo de la Constitución soviética, así estaba afirmado con todas sus letras. De este modo, el comunismo, aparentemente derrocado, se estaría diseminando por todo el mundo.

En esta perspectiva, las Profecías de Fátima estarían siendo confirmadas por los hechos, pues en ellas se advierte: ¡si los hombres no se enmendaren, Rusia esparcirá sus errores por el mundo!

Es pues, del mayor interés tomar conocimiento del Mensaje de Fátima en su versión auténtica, conforme resulta de los manuscritos de la Hermana Lucía, de los cuales el lector tiene en manos una síntesis clara y objetiva en el presente volumen.

Su lectura contribuirá ciertamente para que los espíritus se mantengan lúcidos, vigilantes y animosos delante de acontecimientos extraordinarios que puedan venir a ocurrir sumergiendo a la humanidad en la perplejidad y en la aflicción.

Para los que tienen Fé, resonarán siempre en sus oídos las palabras de la Virgen en Fátima:

“Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará”.

 

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