Plinio Corrêa de Oliveira

Eco fidelísimo del Supremo Magisterio,

Defensor de la Fé y de la Cristiandad,

promesa del Reino de María

 

Publicado en La Mañana 23/12/99.-  


Tradición y Acción por un Uruguay Auténtico Cristiano y Fuerte quiere comenzar esta colaboración -- noblesse oblige -- con un homenaje a nuestro mentor, el fundador de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad e inspirador de las diversas entidades en defensa de esa sagrada trilogía, las TFPs y demás organizaciones congéneres, esparcidas por el mundo.

Plinio Corrêa de Oliveira verdadero "maître a penser" de todos aquellos que no se conforman y desean reaccionar contra el proceso de decadencia que corroe desde sus entrañas a Occidente y al Mundo, organizó a partir de Brasil una exitosa cruzada contra este proceso. No en vano viene siendo llamado "El Cruzado del Siglo XX" 1.

En Uruguay, inspirados en su pensamiento y animados por su ejemplo, comenzamos en 1965 a dar los primeros pasos de esta lucha contra-revolucionaria. En 1967 se funda el Núcleo Uruguayo de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad y más tarde a la Sociedad Uruguaya del mismo nombre. Hasta la muerte de Plinio Corrêa de Oliveira, la TFP Uruguaya supo defender con gallardía y heroismo el estandarte de la Tradición, Familia y Propiedad que hoy – delante de la apatía y el silencio de la actual directiva de la entidad –  recoge Tradición y Acción. Tarea imposible es poner por escrito todo lo que representa para Tradición y Acción la figura impar de nuestro mentor e inspirador el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira.

 Hoy en homenaje de gratitud al Cruzado de este Siglo vamos a resaltar un aspecto de su recia personalidad, la de haber sido Vir Catholicus et Totus Apostolicus. Es decir, un hombre que supo ser "eco fidelísimo del Supremo Magisterio" de la Santa Iglesia2 en los momentos más difíciles y arduos para la Fe y para la Cristiandad en este siglo. Cuando todo parecía perdido para la causa de la Civilización Cristiana, en momentos en que la vorágine revolucionaria de los años 60 amenazaba arrastrarlo todo, en las horas en que hasta los mejores eran llevados por el torrente comuno-progresista de la "autodemolición"3 , cuando el "humo de Satanás"4 penetraba en el recinto sagrado, Plinio Corrêa de Oliveira supo ver claro e indicar un camino seguro.

Señaló el camino de la fidelidad católica a incontables almas de élite esparcidas por los cinco continentes; almas a menudo sin rumbo, a punto de perder la Fe y al borde de bajar los brazos frente al enemigo que atacaba, almas que en él encontraron luz, orientación y ejemplo.

¿Quién podrá agradecer al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira el don inmenso, la gracia inapreciable de habernos enseñado a permanecer fieles a la ortodoxia católica, inclusive ante pastores que se desviaban gravemente de su misión, cuando desde altas cátedras se decía que la Iglesia "había cambiado", cuando se nos torturaba moralmente y en nombre de la Fe se nos exigía claudicar, ceder y sonreír frente a la ofensiva clérigo-tupamara que devastaba Uruguay y América Latina?

  En los años terribles en que la "autodemolición de la Iglesia" producía la demolición de Uruguay - como del Brasil, Chile y demás países del Continente - en que se nos extorsionaba moralmente por medio de prédicas incendiarias a favor de la guerra de clases; en que surgían los sacerdotes y monjas guerrilleros, en que "cristianos" comprometidos adherían en masa al socialismo, en que se combatía encarnizadamente a la piedad tradicional y se proclamaba ufanamente que la moral católica había "evolucionado" de modo a permitir y justificar lo que hasta entonces era severamente condenado5, Plinio Corrêa de Oliveira no vaciló en momento alguno, nunca perdió el rumbo ni fue ganado por el desánimo o el desconcierto casi generales.

Por el contrario, irguiéndose en toda su estatura, proclamó al mundo, con la seguridad de un nuevo San Juan Bautista: Non Licet Tibi (Mat.,14,4). Por más que se presione a los católicos a doblegarse ante la Revolución igualitaria, por terrible que pareciera la amenaza comunista que se cernía sobre Occidente, por atroz que fuera el chantaje atómico ruso, por numerosas que fuesen las autoridades que buscasen inducir sus fieles a adherir a las metas contemporáneas de la Revolución gnóstica e igualitaria, no es lícito apoyarla en cualquiera de sus formas. Se ha de obedecer a Dios antes que a los hombres (S. Pablo, Actos,5-29).

En esa encrucijada terrible y vertiginosa para la conciencia cristiana, él mostró de modo claro, sereno e irrefutable que se podía ser católico y contra-revolucionario; católico y totalmente contrario a las Reformas de Estructura socialista y confiscatorias; que se podía ser fiel a la Iglesia y contrario al comunismo; que se podía conservar la religiosidad tradicional, continuando a ser plenamente fiel a la Roma Eterna. Es más, enseñó que no sólo se podía, sino que era obligación moral y religiosa oponerse a esa Revolución igualitaria y anti-cristiana; e indicó también cómo hacerlo en el punto más agudo y delicado de esa lucha, delante del cual hasta los mejores quedaban inmovilizados, sin saber qué hacer ni a qué atenerse, sucumbiendo muchas veces en el desánimo y en la desesperación.

 De esa manera Plinio Corrêa de Oliveira reabrió un camino que parecía cerrado, para - sin apartarse en nada de la Iglesia, sin la menor mengua de la Fe, sin nunca faltar el respeto debido a la autoridad eclesiástica - reaccionar y defenderse frente a pastores que se transformaban en lobos y abandonaban el rebaño inerme al enemigo de Dios y de la civilización. Un camino previsto desde los tiempos apostólicos en la doctrina católica para las situaciones extremas, una vía para los días de crisis y abandono, una vía que siguieron San Pablo y otros santos, de resistir a los pastores que se aparten gravemente de la Doctrina católica y pongan en peligro la Fe.

 El Prof. Plinio Corrêa de Oliveira encarnó así a lo largo del siglo XX la figura grandiosa del católico que resiste heroicamente, en virtud de la Fe y apoyado en las enseñanzas inmutables de la Iglesia, a todas las embestidas que el demonio lanza desde dentro y desde fuera de los medios católicos. Resistió y combatió al modernismo, al nazismo y al comunismo desde la primera hora; pero también al ateísmo, al positivismo y al laicismo; al progresismo católico lo discernió y denunció en los desvíos que se introducían en la Acción Católica, ya en los años 40; y supo prever, en esos errores, los males de la Teología de la Liberación de los años 70 y 80. Fue el combatiente íntegro que no se dejó seducir por las artimañas de la Revolución en nuestro siglo y por eso supo enfrentarla en su núcleo, convirtiéndose en un símbolo vivo de la fidelidad y una tabla de salvación en las horas de mayor confusión y peligro.

 Ese luchador insigne tiene la honra y la gloria de haber mostrado a los católicos -perplejos con el misterioso proceso de autodemolición de la Iglesia inmortal, a que aludiera Paulo VI; confundidos con el apoyo que de un modo u otro tantos prelados dieron al marxismo; y desesperanzados ante un mundo que se apartaba en sus costumbres y en sus instituciones de Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida - que, frente a la crisis de la Iglesia, por mayores que sean los desvíos y los escándalos, el único camino, el gran camino, es ser siempre más católico, llevando la fidelidad a la recta doctrina hasta el extremo límite, aunque esto cause el desagrado, la incomprensión, la censura y hasta la persecución de parte de quienes deberían dar el ejemplo en esa lucha. Y él supo hacerlo porque conoció, amó y veneró hasta el fondo de su alma a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, Esposa mística de Nuestro Señor Jesucristo.

Esto de suyo ya bastaría para que el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira pueda ser considerado un Defensor de la Fe y de la Cristiandad, un instrumento de la Divina Providencia para salvación de muchos, un heraldo de la completa restauración del Orden Católico, que será el Reino de María, prometido en Fátima por la Santísima Virgen y profetizado, entre otros muchos, por San Luis María Grignion de Montfort.

 *    *    *

Los uruguayos tenemos una deuda de gratitud particular con el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Él estuvo en nuestro país comienzos de los años 60 invitado por Benito Nardone, entonces Presidente del Colegiado gobernante, en la ocasión el egregio pensador católico disertó en un congreso ruralista sobre el candente tema de la Reforma Agraria a la luz de la doctrina católica, exponiendo las tesis de su entonces reciente libro "Reforma Agraria Cuestión de Conciencia". Pero sobre todo su presencia en Uruguay dejó una semilla que pocos años después daría su fruto

En efecto, en lo más agudo de la crisis religioso-social y política uruguaya, a fines de los años 60 y a comienzos de los 70, cuando el sangriento show clérigo tupamaro parecía triunfar y disminuía rápidamente la seguridad de quienes tenían la valentía de hacerles frente, su figura apareció en el panorama nacional como sinónimo de valor, de Fe, de sagacidad. Un grupo de jóvenes católicos, que había oído en sus mayores el eco de las palabras que pronunciara en el Congreso rural antes aludido, tomando conocimiento de lo que en Brasil hizo contra la Reforma Agraria y la comunización patrocinada por el presidente Goulart, y viendo como en Argentina y Chile la personalidad de Plinio Corrêa de Oliveira inspiraba pujantes movimientos contra revolucionarios, se sintieron llamados a trabar en Uruguay una lucha análoga.

Así fue como, dejando de lado toda ambición personal, nos lanzamos de lleno al combate. Lo hicimos inspirados en su ejemplo, apoyados en su palabra y en sus obras y asistidos con frecuencia con sus valiosos consejos, que nunca nos faltaron. Sin él, nunca habríamos comprendido la envergadura universal y total de la Revolución que rugía en las entrañas de América Latina, cuyas llamaradas alcanzaban nuestro querido Uruguay, y que la impulsaba hacia el abismo.

A él le debe, por lo tanto, la TFP uruguaya el haber levantado en estas tierras los gloriosos estandartes en defensa de la Tradición, de la Familia y de la Propiedad, a él le debe el haber dado, en medio de la deserción y el desconcierto generales, el buen combate dentro de la más estricta ortodoxia católica y del más escrupuloso acatamiento a las leyes de Dios y de los hombres. A él le deben incontables uruguayos y un número inmenso de latinoamericanos el haber permanecido fieles a la Iglesia, resistiendo al comunismo y al socialismo, y con ello evitando que el Continente siguiese el tenebroso camino de Cuba.

Su consejo fue clave y decisivo para la elaboración del best seller, "Izquierdismo en la Iglesia: 'compañero de ruta' del comunismo en la larga aventura de los fracasos y de las metamorfosis" de tanta importancia en la vida nacional.

 Lo dicho sirve para comprender la inmensa trascendencia que la gesta de Plinio Corrêa de Oliveira tiene para Uruguay y América. Puede, en verdad, afirmarse, sin temor de exagerar, que, si el Continente se apartó del comunismo, fue en gran medida debido a su acción y a su presencia en el panorama latinoamericano. Y quien recorre su obra y comprende los meandros de los procesos históricos, ve que esa acción de modo análogo influyó en el devenir de importantes países europeos y por reflejo también de otras partes del mundo, fortaleciendo a quienes querían resistir, orientando a los confundidos e inhibiendo a los que querían capitular.

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Por más importante que sea su trascendencia pública en este siglo, la Cruzada emprendida por Plinio Corrêa de Oliveira no se agota en lo que él hizo, publicó y conquistó. El fue mucho más que un anticomunista, fue el contra-revolucionario por excelencia, que supo ver en el comunismo el resultado de un complejo y secular movimiento histórico; una etapa importante, sin duda, pero mera etapa, de una gran Revolución que no se limitaba a la revolución ruso-soviética y sus derivados, sino que era la Revolución por excelencia, cuyo fin es la implantación del Reino de Satanás en la Tierra. El denunció y combatió esa Revolución, fue lo contrario per diametrum de ella hasta en los más mínimos detalles. Pero sobre todo fue un católico contra-revolucionario, porque él deseaba, anunciaba y construía en su alma el Reino de María, o sea, la plenitud de la civilización cristiana, la restauración completa del Orden que la Revolución vino destruyendo. El, deseando y procurando siempre nuevos auges y mayores excelencias para gloria de Dios y grandeza de la Humanidad explicitó y enseñó preciosas doctrinas, gran parte de las cuales aún inéditas.  

 

NOTAS .-

1-CFr. Lizãneas Souza Lima, "Plinio Côrrea de Oliveira. Um cruzado do século XX" tesis de doctorado, Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas, São Paulo 1984.

 "Un ideal, un lema, una gesta: La Cruzada del siglo XX", Tradición, Familia y Propiedad, 1990

 "Il crociato del secolo XX, Plinio Corrêa de Oliveira", Roberto de Mattei.

2-Palabras con que el Prefecto y el Secretario de la entonces Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades elogia y recomienda el opúsculo del Profesor Plinio Corrêa de Olivreira "La libertad de la Iglesia en el Estado comunista".

3-Término empleado por el mismo Pontífice en la Alocución "Resistite fortes in fide del 29-6-72

4-Expresión usada por Pablo VI para referirse a la crisis de la Iglesia en 1968 en famosa Alocución Cfr Insegnamenti di Paulo Vi, p.1188-

5-La magnitud verdaderamente apocalíptica de este problema en Uruguay esta reseñada en nuestra obra "Izquierdismo en la Iglesia: compañero de ruta del comunismo en la larga aventura de los fracasos y de las metamorfosis". En Brasil fue descrita por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en su obra "La Iglesia ante la escalada de la amenaza comunista - Apelo a los Obispos Silenciosos", y en Chile por la TFP andina en "La Iglesia del Silencio en Chile - la TFP proclama la verdad entera". Prólogos a ediciones del libro de la TFP chilena en Argentina, Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y España describen análoga situación en esos países.


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