
LA HISTORIA DE UN MANIFIESTO QUE DIO LA VUELTA AL MUNDO
Los acontecimientos históricos generados en Francia —la Revolución de 1789,
los sismos revolucionarios de 1848, la comuna de París en
1871, la explosión ideológica y temperamental de 1968— encontraron y
pusieron en movimiento, en el espíritu de los pueblos de Occidente,
aspiraciones, tendencias e ideologías cuyo desarrollo marcó su evolución
psicológica, cultural, política y socioeconómica en los siglos siguientes.
Lo mismo comienza a ocurrir con la revolución incruenta, no por ello menos profunda, que desencadena François
Mitterrand al ser elegido para la Presidencia de la República en 1981: el
socialismo autogestionario.
Pero este nuevo modelo revolucionario encuentra delante de sí la pluma del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira y a las en aquel entonces 13 TFPs: a partir de diciembre de ese mismo año divulgan el Mensaje en que denuncian a la autogestión socialista como cabeza de puente del comunismo internacional.
El
Partido Socialista Francés, que se declara internacional por naturaleza y por
vocación, afirma su determinación de colocar la influencia política y la
irradiación cultural que Francia ejerce en el mundo al servicio del objetivo
socialista autogestionario.
Coherente
con esta declaración de intenciones, Miterrand –beneficiado con el prestigio
que le da su victoria- inaugura una
política exterior de expansionismo ideológico y de intervencionismo político.
Iberoamérica está en la mira.
El
apoyo dado a los movimientos guerrilleros de Centroamérica —ya ampliamente
favorecidos por la izquierda católica- y, sobre todo, la provocadora protección
diplomática prestada a los sandinistas de Nicaragua, atestiguan que las
pretensiones imperialistas del gobierno francés no son simples figuras de retórica.
Los
partidos y corrientes socialistas de Iberoamérica tan desprestigiadas hasta
entonces, van levantando cabeza; y la autogestión, última moda en Francia,
comienza a despertar simpatías en ciertos sectores de la opinión pública.
Las
TFPs, siempre atentas a las grandes maniobras de la Revolución, se
proponen entonces iniciar una contraofensiva ideológica que neutralice la
operación Mitterrand. Es necesario reaccionar, especialmente teniendo en cuenta
el inexplicable mutismo de quienes por su influencia, cargo o situación deberían
articular el contraataque.
Y
la reacción nace por parte de católicos anticomunistas con una envergadura
que sorprende a las izquierdas del mundo entero: el 9 de diciembre de 1981,
es publicado en el “Washington Post” de Estados Unidos y en el
“Frankfurter Allgemeine Zeitung” de Alemania, un estudio que
ocupa seis páginas y que descarga un golpe monumental sobre el socialismo
autogestionario francés.
Las
Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad y
entidades afines de 13 países (Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile,
Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Portugal, Uruguay y
Venezuela) dirigen un mensaje conjunto a la opinión pública mundial titulado El
socialismo autogestionarlo frente al comunismo, ¿barrera o cabeza
de puente?, cuyo autor es el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira. El
documento es publicado inmediatamente después en “The Observer” de Londres;
“Il Tempo” de Roma; “La Vanguardia” de Barcelona; “Diario de
Noticias” de Lisboa; “The New York Times”, “Los Angeles Times” y
“The Dallas Morning News” de los Estados Unidos; “The Globe and Mail” de
Toronto; “Foiha de 5. Paulo” Brasil; “La Nación” de Buenos Aires; “El
Mercurio” de Santiago de Chile; “El Diario” de La Paz, Bolivia; “El
Tiempo” de Bogotá Colombia; “El Comercio” de Quito, Ecuador; “El
Comercio” de Lima, Perú; “El País” de Montevideo, Uruguay; “El
Universal” de Caracas, Venezuela; y en otros 27 grandes diarios de la prensa
occidental. La izquierda internacional se desconcierta, pero la mayoría
silenciosa —ese magma impreciso y numeroso que opone una resistencia muda
a las transformaciones de índole comunista— comprueba con satisfacción que
hay todavía una voz conservadora que proclama las verdades que ella, aunque
atrincherada en su silencio, desea oír.
El
estudio del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira impresiona por su contenido, por
el meticuloso examen que hace de los documentos del PS francés, por la lógica
con que analiza las proposiciones socialistas y por la claridad con que muestra
—desenmascarando lo que está detrás de esa doctrina— sus últimas
consecuencias. Consecuencias disimuladas bajo un gradualismo puramente táctico,
pero que en realidad son de una radicalidad sin precedentes. El público en
general ignora, pues, en qué consiste exactamente ese socialismo y cuál es su
meta.
Todas
las afirmaciones del Mensaje de las TFPs están basadas en abundantes
citas de textos del Partido Socialista, a las que contrapone la enseñanza
tradicional de la Iglesia.
Bajo
el subtítulo El doble
juego del socialismo francés: gradual en la estrategia, radical en la
meta, las TFPs ponen en evidencia que el programa autogestionario
tiene como objetivo la disgregación de la sociedad actual en corpúsculos autónomos
dotados de una casi soberanía. Esto redundaría en la implantación de la utopía
anarquista en Francia.
El
socialismo autogestionario, sin embargo, no reconoce esa utopía como
desordenada y caótica. Verdadera escuela filosófica —sustancialmente
marxista y, por lo tanto, también evolucionista— el socialismo francés
espera promover, con la gradual aplicación de la reforma autogestionaria, una
fundamental transformación no sólo de la empresa industrial, comercial y
rural, sino también de la familia, de la escuela y de toda la sociedad. Más aún,
pretende influir a fondo en la propia vida individual, modelando los
entretenimientos y hasta la decoración interior de las casas.
Por
otra parte, esencialmente laico, espera implantar la escuela autogestionaria
laica, a la cual los padres deben entregar sus hijos apenas cumplan los dos años
de edad. Pretende abolir la escuela privada religiosa tanto por ser propiedad
individual como por ser religiosa.
El
documento muestra que el programa del PS equipara el matrimonio a la unión
libre entre los sexos y reivindica la equivalencia entre la unión heterosexual
y la unión homosexual.
La
empresa, al final de la evolución autogestionaria, no tendrá patrón. Su
dirección cabrá, en última instancia, a la asamblea general de los
trabajadores. Esta tendrá derecho a ser informada periódicamente de todas las
actividades empresariales. Ni siquiera el secreto industrial le podrá ser
ocultado. Los dirigentes de la empresa serán elegidos por la asamblea de los
trabajadores, la cual será soberana en lo que respecta a las actividades
empresariales.
Como
es fácil ver —y los documentos del PS lo afirman claramente— una reforma
tan completa de la sociedad supone una reforma igualmente completa del propio
hombre. Y es en función de la naturaleza humana así reformada que el
socialismo autogestionario pretende no ser calificado de utópico.
El
PS no espera realizar esta reforma total de la sociedad y del hombre en una sola
etapa, sino por transformaciones graduales. Uno de los medios esenciales para
poner en movimiento y llevar a término ese proceso es la lucha de clases. Al
negar no sólo el principio de autoridad, sino toda jerarquía, el PS abre
camino para esa lucha. En la empresa, levantando a los obreros contra los
patrones, ya
los dirigidos contra los dirigentes. En la familia, suscitando la lucha de los
hijos contra los padres. En la escuela, entre los alumnos y los profesores. Y así
sucesivamente.
El
programa del PS francés no niega la libertad de funcionamiento a la Iglesia.
Pero la Iglesia —comenta el Mensaje— quedara reducida a vivir en una
sociedad totalmente laicizada que no tomará en consideración las obligaciones
del hombre para con Dios, ni los principios del orden natural delineados en el
Decálogo.
El
socialismo autogestionario francés se proclama coherente con la trilogía de la
revolución de 1789: Libertad, Igualdad,
Fraternidad.
Para
él, la abolición del patrón en la empresa es la consecuencia lógica de la
instauración de la república. El socialismo señala en el patrón a un pequeño
rey en el interior de la empresa, y en el rey al gran patrón que la república
democrática eliminó.
El Mensaje termina con las magníficas palabras del Papa San Pío X que afirman su esperanza de que la nación francesa llegue a relucir en el mundo con todo el brillo cristiano que le compete como hija primogénita y bienamada de la Iglesia.